Cyril 167

Pessoa, quiza el gran escritor astrológico moderno, conocía minuciosamente la técnica de las cartas astrales. Para él la astrología no era una ciencia ni una superstición vulgar, sino clases simbólicas celestes que el hombre siente oscuramente en su interior. Creía en ella metafóricamente, no como cadenas de causas eficientes o mecánicas.

¿Inscribir la experiencia humana en el orden cósmico? La afirmación más extraordinaria requiere de la prueba más rigurosa ¿Vincular el sentido individual a una estructura de género universal? Las fechas reales en las que el Sol pasa actualmente a través de una constelación zodiacal determinada se han desplazado aproximadamente un mes desde que se determinaron las fechas tradicionales debido a la precesión u oscilación de la Tierra ¿Los astros como letras escritas en el cielo? Las predicciones astrológicas fallan y no superan el azar; y la astrología no proporciona mecanismos físicos válidos que vinculen los movimientos celestes con la conducta humana; y sus conclusiones no están bajo ningún punto de vista respaldadas por la ciencia (creencias sin asomo alguno de fundamento empírico)

Hermann Hesse no tomaba la astrología como un oráculo que le dijera qué le ocurriría mañana, sino como una imagen simbólica de sus tensiones, posibilidades y conflictos. Italo Calvino no la ridiculizaba; creía que era una narración simbólica tan útil como otras. Para Yourcenar reírse de ella era una forma de arrogancia. John Banville: «No creo en la astrología, pero me parece más honesta que muchas certezas contemporáneas. Al menos admite su carácter narrativo. No se disfraza de neutralidad. Es una forma de ficción que sabe que lo es, y por eso a veces dice más verdad que los discursos que se proclaman científicos sin serlo».

Para mí es un claro autoengaño, un error infantil de la humanidad. El primer principio es que no debes engañarte a ti mismo, y uno mismo es la persona más fácil de engañar. La astrología prospera precisamente porque ofrece explicaciones que reconfortan sin exigir comprobación. No se le pide que funcione; se le pide que consuele.

Los intelectuales literarios suelen tener una enorme facilidad verbal y una diminuta formación científica. Eso hace que farfullen elegantemente y con atrevimiento ideas extravagantes. Parece ser que creer cosas raras vestidas con un ropaje gramatical elaborado, te convierte en un tipo más profundo y original.

Su persistencia no se debe a su verdad, sino a nuestra profunda necesidad de sentir que nuestras vidas tienen un significado cósmico. Que una idea sea antigua, poética o simbólicamente rica no la hace verdadera. El universo es mucho más interesante de lo que la astrología permite, precisamente porque no gira en torno a nosotros.

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Vladimir Nabokov

«La astrología es una de las supersticiones más perniciosas porque halaga la inteligencia mientras la anula. Ofrece la ilusión de una estructura profunda allí donde solo hay vaguedad».

Susan Sontag

«La astrología pertenece a un clima mental que renuncia a comprender el mundo para limitarse a interpretarlo sentimentalmente. No amplía la conciencia; la sustituye».

Michel Onfray

«La astrología es una metafísica para perezosos: promete sentido sin trabajo, orden sin crítica, identidad sin historia. No explica el mundo: anestesia la inquietud que debería empujarnos a pensarlo».

Umberto Eco

«La astrología no fracasa porque sea simbólica, sino porque confunde símbolo con conocimiento. Un símbolo es fecundo cuando sabemos que no describe la realidad, sino que la interpreta. La astrología olvida esa distinción».

La astrología no sobrevive porque explique el mundo, sino porque promete sentido allí donde pensar duele.

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