Cyril 174

Verano. Fiesta en el pueblo. Se bebe con gravedad, se grita, se baila con torpeza solemne, y se habla mucho y alto, no por exceso de alegría, sino por necesidad de sentirse juntos. Durante esos días, incluso las rencillas parecen suspendidas. La fiesta tiene algo de misa mayor y algo de feria. Bajo los cohetes y la música, late una obediencia antigua: la tradición: celebrar lo que siempre se ha celebrado. El campesino olvida durante unas horas la dureza de la tierra y la estrechez de su destino.

Después del ruido, la música y el alcohol, el silencio espeso.

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