Cyril 177

La claridad es la principal virtud del lenguaje. Si el discurso no es claro, entonces no cumple su función. Las palabras deben ser conocidas, propias y adecuadas; pues la oscuridad no nace de la profundidad, sino del desorden, señaló Aristóteles. La claridad no garantiza la verdad, pero la oscuridad casi siempre garantiza el error.

En la elegancia literaria la belleza no oscurece el sentido ni el sentido destruye la belleza. La elegancia consiste en parecer inevitable. La elegancia es rigurosa, saltarina, pudorosa, sin pereza -costuras invisibles. La elegancia es autocontrol y honestidad.

Me gusta un yo no meramente caprichoso, sino algo argumentativo. Un yo «ondulant», que no decrete verdades absolutas. Un yo que se mueva como la música, y no únicamente como un silogismo. Un yo mitad ciencia, mitad arte. No me gusta la completa escasez de metáforas, la sintaxis al servicio exclusivo del argumento, el tono impersonal, el puro logos sin «pathos». Me gusta un yo no dueño enteramente de su casa.

Expresar mi yo con claridad y elegancia: tarea de mi vida.

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