LIMINAR «MANGA POR HOMBRO»

Soy un humanista tardío, melancólico, orgulloso, derrotado y resistente.

La unidad secreta del caos del libro que el lector tiene entre sus manos acaso sea una respuesta a la pregunta: ¿cómo vivir intelectualmente en un mundo anti-intelectual? Puede abrirse por cualquier página; no tiene argumento, sino clima.

«Los libros verdaderamente profundos son aquellos que no pretenden agotarse. Prefiero los que contienen pensamientos dispersos, notas, comienzos, fragmentos. En ellos la mente respira. Un sistema cerrado fatiga; un libro abierto invita. Hay obras que terminan, y obras que continúan viviendo en el lector. Las segundas son las únicas que merecen escribirse», Joubert.

«No soy lo bastante estrecho para un sistema, ni lo bastante vano para creer que una única idea puede contener mi pensamiento. Mis escritos son ensayos, aproximaciones, tanteos. Prefiero decir diez cosas breves que una larga. Un pensamiento breve puede contener más vida que un tratado entero. Quien escribe en aforismos no quiere ser leído de corrido, sino releído», Nietzsche.

En mis libros ensayo, pruebo, fracaso; mi pensamiento es discontinuo, intermitente y caprichoso. La inteligencia no avanza en línea recta, sino por saltos. Este libro (como los otros nueve) es el resultado de una vida entera de lecturas, conversaciones, viajes, impresiones y recuerdos. Nada es mío por completo; todo es mío por combinación. El escritor no crea desde la nada: reúne, mezcla, transforma. La originalidad consiste en una nueva disposición de materiales antiguos y plagiados.

Mi método es el montaje literario. La totalidad solo puede aparecer en fragmentos. Desconfío de las obras demasiado coherentes.

Aquí doy por concluida mi literatura. Gracias por acompañarme. Gracias y adiós.

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