Dudo sobre si mi vida ha valido la pena tal como fue vivida. Quizá habla ahora un intenso desengaño y una enfadosa melancolía, no sé. Hubiera querido algo distinto, distinto hacia adelante, rico hacia atrás, con otra memoria grabada durante la eternidad. Haberme abandonado al espectáculo fosforescente del amor, a la íntima suavidad de la amistad, a la epifanía del sexo enamorado, en fin, que hubieran movido mis hilos la incandescente vida y no la seca razón. Vivir, después entender.
Pasé la vida imaginando la vida. La realidad me fue casi siempre inaccesible. Fui solo un pueril soñador, un desvertrebado adolescente, un angustiado loco. En la zona oscura de mi conciencia quedan palabras, montones y mallas de palabras, pero no la fuerza de la savia que impulsa el verde tallo de la flor.
Obviamente lo ideal sería tener ambos lados del poliedro, experiencia y cultura.
Me siento pobre, triste y mutilado. No volvería a vivir mi vida tal como la viví.
