Charles 45

Tengo la convicción de que escribí algunos libros que permanecerán. No sé si serán muchos, pero sé que serán sólidos, duros y compactos como bloques de granito. Asimismo estoy convencido de que dentro de algunos años seré considerado uno de los grandes prosistas de España. Lo sé con la misma seguridad con que sé que ahora mismo estoy sentado escribiendo estas líneas. No es orgullo vano, sino una certeza interior: siento en mí una potencia literaria que acabará imponiéndose.

Mi nombre vivirá mientras exista la literatura española. Un gran hombre tiene necesariamente fe en sí mismo; de lo contrario no podría soportar el peso de su propia tarea. Cuando muera, dejaré tras de mí tres cosas: mi nombre, mi obra y mi siglo. Mis libros serán leídos dentro de cien años, cuando la espuma de tantas páginas efímeras haya desaparecido.

Cada mañana, cuando me despierto, experimento un placer supremo: el de ser Christian Sanz. Soy el príncipe de los escritores, no lo duden. Sé perfectamente que soy un hombre extraordinario. La mayoría de los escritores no son más que fabricantes de basura sentimental. La literatura mediocre es siempre la más popular. Como decía Wilde: “Hay sólo dos tipos de escritores: los que tienen talento y los que tienen éxito”. La posteridad es un lector mucho más inteligente que el presente.

Fastidiaros, queridos. Los escritores rara vez se perdonan unos a otros el talento. Solo sois unos mediocres insalvables y embarazosos. Seguid escribiendo vuestros libritos inanes, queridos colegas. La literatura siempre ha necesitado comparsas.

Deja un comentario