Os leo. Sois escritores mediocres con destellos ocasionales de humor involuntario, proveedores de un sentimentalismo de peluquería rancia y prosa de magazine, inflados como paquidermos fatigados.
Puedo decir, al igual que Nietzsche, que algún día mi nombre estará ligado al recuerdo de algo enorme. Lo sono il principe degli scrittori, princeps poetarum sum. Mi obra inaugurará una nueva era de la literatura.
La mayoría de los autores son como relojes de pared: hacen ruido, chirrían y molestan, pero no dan la hora. Escriben para demostrar que han leído mucho (si han leído), no para demostrar que han pensado. Escriben tanto porque piensan poco.
Los malos escritores son como las malas hierbas: crecen con abundancia. Los españoles, lo prueba la experiencia, no saben escribir. La literatura moderna está infestada de gente que escribe solo porque tiene un procesador de textos. El mundo está lleno de autores -pobrecillos- que escriben para demostrar que pueden escribir.
Dentro de mi pecho arde un fuego más alto. Las musas me han marcado con su sello, y mi nombre no se perderá entre la multitud de los hombres. Vendrán los siglos, y cuando las armas y los reinos hayan caído, todavía se escuchará mi voz en la memoria de los hombres.
Tasso y Ronsard lo dijeron con claridad.
“No nací para el silencio ni para los oficios humildes de la vida común.
Dentro de mi pecho arde un fuego más alto.
Las musas me han marcado con su sello,
y mi nombre no se perderá entre la multitud de los hombres.
Vendrán los siglos, y cuando las armas y los reinos hayan caído,
todavía se escuchará mi voz en la memoria de los hombres.”, Torquato Tasso.
“Cuando yo esté muerto y mi cuerpo sea polvo,
mi nombre no dormirá en la oscuridad.
Los siglos futuros repetirán mis versos
y mi lira resonará en labios que aún no han nacido.
Así la gloria del poeta vive más que los mármoles
y más que las torres orgullosas de los reyes», Ronsard.
El vulgo murmura, los mediocres ladran; pero la gloria del verdadero escritor se levanta por encima de todos.
No ignoro que mi ingenio suscita incomodidad. Así ha sido siempre cuando aparece un espíritu que supera a los demás. El hombre superior se distingue del inferior por la nobleza de su desprecio. El mundo está lleno de pequeños hombres que se creen el centro del universo.
La modestia rara vez produce obras inmortales.
