Vino el fontanero y su ayudante a mi casa. Hablaron de canalones, arquetas, sifones, pendientes, pozos ciegos y uno siente que oye una lengua extranjera— una experiencia muy antigua en la historia de los intelectuales. La civilización europea siempre ha tenido dos mundos paralelos: el mundo de las manos, de los oficios, y el mundo de la mente, de los libros y las ideas.
Y muchas veces ambos mundos apenas se comprenden. El erudito puede leer griego antiguo, pero no saber arreglar una cerradura; el carpintero levanta una casa, pero quizá no entiende un soneto de Góngora.
Los hombres que se dedican al pensamiento viven en un mundo singular. Saben cosas extraordinarias sobre lo remoto y lo abstracto, pero ignoran lo inmediato Pueden hablar durante horas sobre la esencia del tiempo o de la moral, pero si una cerradura se rompe o una tubería gotea, quedan tan desarmados como niños.
La inteligencia moderna ha conquistado el universo, pero ha perdido la habilidad de manejar los pequeños objetos de la vida.
Siempre me he considerado extraordinariamente incompetente para los asuntos prácticos. Durante años no supe cómo funcionaban las cosas más elementales de la vida doméstica.
Los mecanismos, los arreglos materiales, las pequeñas artes de la vida diaria me resultaban misterios casi tan profundos como la metafísica. Puedo discutir sobre lógica matemática o sobre la estructura del universo, pero soy incapaz de arreglar una puerta que no cierra o comprender cómo se repara un objeto roto. El mundo material siempre me pareció una maquinaria incomprensible.
No sé construir ni reparar nada. Me he dedicado a las letras, y ellas me han hecho inútil para muchas cosas que los hombres comunes hacen sin pensar. Vivo rodeado de instrumentos y artefactos cuyo funcionamiento desconozco. Sé quién fue Platón o qué es la relatividad, pero no sabría fabricar una mesa, ni una silla,
ni explicar cómo se construye una casa. Vivo gracias a técnicas que no entiendo. Sé muchas palabras y muchas teorías, pero no sé hacer nada.
Todos dependemos unos de otros para las cosas más simples.
