Charles 55

La noche ha sido terrible; el pensamiento no dejaba de girar. Pero por la mañana, con la luz, todo parece más soportable. Lo que parecía insoportable en la oscuridad pierde su poder. Hay días de tormenta y días claros. Pero incluso después de la noche más oscura, la mente puede volver a ver con claridad.

Durante la noche, cuando el pensamiento gira sin descanso, todo parece adquirir una gravedad excesiva; los recuerdos se agrandan y las inquietudes crecen en la oscuridad. Pero llega la mañana, la luz entra por la ventana y, con ella, una especie de indulgencia del espíritu. Lo que parecía terrible en la noche pierde parte de su poder, como si la claridad devolviera al alma su justa medida.

Hay noches en que el pensamiento se vuelve insoportable y la conciencia parece un cuarto demasiado pequeño para contener todas las inquietudes. Pero al amanecer algo cambia: la luz vuelve más simple lo que la noche había complicado, y el espíritu, aunque cansado, vuelve a encontrar una cierta serenidad.

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