Charles 50

Soy una «rat de bibliothèque». En Don Quijote de la Mancha, Cervantes crea quizá la sátira más famosa contra la vida absorbida por los libros. El hidalgo enloquece por leer sin descanso novelas de caballería.

“Del poco dormir y del mucho leer se le secó el cerebro, de manera que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros: encantamientos, desafíos, batallas, heridas, requiebros, amores y disparates imposibles; y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de soñadas invenciones. Para él no había ya otra historia más cierta en el mundo”.

La crítica es clara: la lectura puede sustituir la experiencia hasta deformar la percepción de la realidad. Los hombres que pasamos nuestra vida entre libros apenas conocemos a los hombres. Creemos comprender la naturaleza humana porque leímos mucho sobre ella, pero no vimos ni observamos a los hombres reales. Salimos del gabinete de lectura llenos de sistemas y teorías, pero ignorando lo que sucede en el corazón humano y en la vida común.

El hombre que vive únicamente entre libros corre el riesgo de convertirse en un fantasma. Aprende las palabras de la vida, pero no la vida misma. Ha leído sobre aventuras, viajes, amores y peligros, pero su propia existencia permanece inmóvil entre cuatro paredes. Yo no miro el mundo directamente, sino a través de citas. Y no hablo yo; hablan por mí los autores que leí.

Por eso Nietzsche lanzó una frase demoledora: “Hay hombres que han leído demasiado para ser sabios”.

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