Charles 51

Desde la Antigüedad muchos pensadores han mirado con desconfianza las pasiones colectivas del espectáculo, ya fueran carreras de caballos, luchas de gladiadores o juegos atléticos. Al mismo tiempo, otros defendieron el valor del ejercicio físico y del entusiasmo popular.

El poeta satírico romano Juvenal lanzó una de las críticas más célebres contra el espectáculo de masas en Roma.

“La antigua plebe que otorgaba imperios, consulados y legiones

hoy ya no se preocupa por nada. El pueblo que antes concedía mando a los ejércitos, ahora solo desea dos cosas: pan y juegos de circo”.

El filósofo presocrático Jenófanes comparó la gloria del atleta con la del sabio. “Si un hombre vence en los juegos con sus pies o con su fuerza, la ciudad lo honra más que al sabio. Pero mi sabiduría es mejor que la fuerza de hombres y caballos”. Aquí aparece ya el conflicto entre intelecto y deporte.

Mientras escribo estas líneas, escucho al Real Madrid por la radio jugando la Champions. A mí mente acude Nabokov: “Nunca he podido entender el entusiasmo por los juegos de masas. Me parecen espectáculos de una monotonía casi hipnótica. Prefiero observar el vuelo de una mariposa durante diez minutos antes que ver un partido entero”.

Cuando la multitud se reúne para divertirse, la inteligencia suele quedarse en casa. El fútbol cumple funciones tribales, gregarismo, catarsis, identidad (a veces violenta) de grupo. La mayor parte de los hombres no tiene pensamiento propio. Por eso necesitan continuamente distracciones externas que ocupen su mente. Cuando no trabajan, buscan ruidos, espectáculos y diversiones.

El ruido de las multitudes y el bullicio de los espectáculos

les sirven para escapar del vacío interior.

Las masas necesitan excitaciones simples, gritos, colores, banderas, competiciones. Allí donde la inteligencia declina, la multitud se reúne para celebrar su propia trivialidad. El entusiasmo colectivo es una forma de minusvalía.

Pero el ser humano no es solo razón; también es emoción, juego y comunidad. Por eso el mundo puede contener al mismo tiempo la biblioteca y el estadio. Y cada persona se siente más cómoda en uno de esos dos territorios.

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