Sufro lo que técnicamense se llama «Ultradian cycling», es decir, soy un ciclador ultrarrápido, con cambios diarios varias veces de humor -de la euforia al hondo abatimiento. El Depakine (ácido valproico) es un estabilizador del ánimo que casi ni me funciona; parece agua. En esos momentos de desajuste emocional no es raro, debido al agotamiento, que surjan figuras visuales inexistentes, percepciones extrañas y voces.
Las olas de la mente se levantan y se desploman con violencia. Un día estoy en la cima del mundo, y, al siguiente, apenas puedo levantarme de la cama, pero a veces, a menudo, eso ocurre en unas pocas horas. Es muy aniquilador pasar de la exaltación más brillante a un abatimiento negro en pocas horas, varias veces, que la mente se eleve a alturas vertiginosas y después caiga como una piedra al fondo del pozo. Oscilo de la energía ardiente a una masa viscosa que no puedo atravesar, de ser un animal salvaje lleno de luz a estar enterrado en cuevas muy oscuras.
Ahora se apodera de mí una grave sensación de inutilidad y vacío, de falta de energía y de desidia. Estoy haciendo un esfuerzo sobrehumano para escribir estas líneas. Las figuras geométricas que ocupan mis ojos no me permiten enfocar bien la pantalla y las voces demoníacas me insultan y pretenden humillarme. No puedo más. De veras que no puedo más. He pensado en ingresarme unos días si hay plaza en el manicomio o bien acudir ahora a urgencias.
La noche me está cayendo como un yeso denso en la conciencia; siento casi una navaja abriéndome cada una de las vertebras; noto como unas afiladas cuchillas de una turbina que me despiezan. No puedo más. Les juro que la desesperación es clamorosamente real e intensa.
Todo se vuelve confuso. El silencio es una losa. La soledad murmura ideas incomprensibles. Brota una angustia tangible, febril, rota. Mi yo se deshace como nieve debajo de la lluvia. No soy. No puedo existir. Me rodea una mascarada de puntiguados libros hostiles en mi biblioteca. La languidez es una dentellada intolerable. Y no puedo dormir y corretean las ratas por mi habitación. Exhausto e inmóvil respiro con pulmones de piedra.
No puedo más. Es probable que dentro de nada llame al 112.
