La memoria mezcla a mamá, la muerte y la poesía. Todo nace de la desesperación y de la angustia, pero también de la música secreta de la noche. Oigo, mientras fumo en el jardín, el trino nítido de un pajarillo. Es como si se presentara ante mí su alma. Estoy cansado y me cuesta una enormidad pensar. Debido a un desvelo fuerte las asociaciones salen más rápido de lo que se pueden ordenar; una mezcla de imágenes poéticas, pensamientos sueltos, en varios idiomas y con asociaciones fugaces.
Un instante basta para que el tiempo perdido vuelva a nosotros. De pronto, una pequeña ola sirve para que resucite un mundo entero que creíamos muerto. Y en ese instante comprendemos que lo que llamábamos pasado no ha desaparecido: permanece escondido en nosotros esperando su señal. La noche es profunda y las voces callan. El espíritu clarea. Desaparece la vulgaridad de los gestos y las frases. Mamá con un vestido ibicenco en Peñíscola. Es delicada y evanescente la vida. El tapiz muestra un entramado de estrellas y rostros, de caras y escenas.
Por un instante pensé que ese pajarillo era mamá.
