A Lamas y el Dr. Gracia
«El nacimiento de Venus» de Botticelli, la arquitectura de Brunelleschi, la «Divina Comedia» de Dante, la «Piedad» de Miguel Ángel, «La fábula de Orfeo» de Monteverdi, «El jardín de las delicias» de El Bosco, «El entierro del conde de Orgaz» de El Greco; el arte nos redime de la vulgaridad.
Afuera, la tarde del verano es sofocante. Marcel Proust trata de leer un libro resguardado en su habitación en penumbra; las persianas de madera echadas por cuyas minúsculas ranuras se cuela el sol como alas de mariposas amarillas. Es la imagen que describe él. Es su vida convertida en arte. Es la cotidianidad, lo corriente, lo que nunca se mira convertido en belleza.
Un torbellino de nieve, viento y espuma envuelve el barco de vapor que lucha contra la tormenta. Las líneas circulares de la composición crean la sensación de un vórtice gigantesco. Los colores son sombríos: negros, grises, ocres y blancos turbulentos. El barco apenas se distingue en el centro de la tempestad, reducido a una frágil presencia humana frente a la violencia de los elementos. Turner.
Seguimos masticando vulgaridad creyendo que es modernidad y tragamos los lenguajes decadentes como si fueran sublimes. Pero modernidad y vulgaridad muchas veces aparecen mezcladas en las pantallas, el rostro de una esconde el antifaz de la otra. Somos mucho más modernos, pero mucho menos educados. Frente a la basura de la farándula, libros, arte y cultura.
McLuhan vio la vulgaridad moderna como un efecto de los medios de masas: “Cuando un medio amplifica todo indiscriminadamente, lo trivial y lo importante reciben el mismo volumen. En ese momento la cultura se vuelve vulgar, porque la jerarquía desaparece.”
Se desatiende lo complejo, lo bello y lo excelente y eso se iguala a bichos correteando por el parking. Nunca ha habido una época en la que el hombre mediocre haya tenido tanta confianza en sí mismo. La masa se erige en juez supremo y lo superior se vuelve sospechoso.
Bernardo de Claraval: “¿Qué veo en nuestros días sino vanidad y orgullo? La humildad es despreciada y la gloria mundana es celebrada. El mundo se ha vuelto más hábil en el pecado que en la virtud”.
