Hay escritores que no escriben para una élite ni para un pequeño círculo, sino para todos. Sienten una devoción casi mística por su público. Creen que cualquier tipo de lector, el que sea, hace vivir su obra, que el escritor no puede desear recompensa mayor que el afecto de sus lectores
Yo soy mucho más crítico. Mi punto de vista se acomoda a Flaubert: la masa no tiene gusto; tiene hábitos. Lo que hoy aplaude mañana lo olvidará. El artista no debe seguir la opinión común, sino trabajar con obstinación en su obra, aunque nadie la comprenda. El escritor que intenta agradar al público termina por degradar su arte.
La multitud busca siempre lo fácil y lo superficial. Las obras verdaderamente grandes suelen ser comprendidas solo por unos pocos. La muchedumbre es una criatura muy vaga y abstracta. El escritor que piensa demasiado en ella corre el riesgo de escribir no para nadie en particular, sino para una sombra.
Yo soy hostil con los lectores tomados como un gran número. Como escritor trabajo para un lector desconocido que todavía no existe.
