Charles 98

Pero, al igual que en las aguas sucias y turbias de un río en el desagüe de una fábrica, resplandece de vez en cuando un pez magnífico, en el río de papel viejo también brilla a veces el lomo de un libro precioso; deslumbrado, miro un rato hacia otra parte antes de cogerlo, lo seco con el delantal, lo abro y huelo el texto, y sólo entonces fijo los ojos en la primera frase y la leo como si fuera una predicción homérica; entonces guardo el libro entre otros bellos hallazgos.

“Los libros son los maestros que instruyen sin vara ni cólera; sin palabras ásperas ni dinero. Si te acercas a ellos, no te reprochan; si los interrogas, no se irritan; si cometes un error, no se ríen de ti. En ellos se conserva la memoria de los muertos, el consejo de los sabios y el espíritu de los antiguos. Los libros son los fieles custodios de la verdad; guardan el pensamiento de los hombres como el arca guarda el tesoro ¡Cuán grande es la utilidad de los libros! Ellos nos enseñan sin vergüenza, nos corrigen sin ofensa y nos guían sin violencia. En ellos conversamos con los sabios que vivieron antes de nosotros, y en su compañía aprendemos a despreciar la ignorancia», Richard de Bury.

“En los libros encuentro a los muertos como si estuvieran vivos; en los libros preveo las cosas futuras; en los libros se revelan las hazañas de la guerra y los secretos de la paz. Todas las cosas que el mundo encierra, todas las obras de los hombres, todas las reflexiones de los filósofos y los misterios de las artes están fielmente depositados en los libros”, Richard de Bury.

“Desde mi juventud sentí una pasión casi insaciable por los manuscritos. Mientras otros hombres perseguían riquezas o placeres, yo buscaba pergaminos olvidados, cartas antiguas, crónicas y códices medio destruidos. Mi deseo era rescatar los restos de la literatura antigua antes de que desaparecieran. Cada manuscrito salvado del polvo o de la destrucción me parecía un fragmento de la memoria del mundo arrancado al olvido”, Thomas Phillipps.

“Hay una felicidad particular en la compañía silenciosa de los libros. Ellos no compiten con nosotros ni nos juzgan; esperan pacientemente hasta que el espíritu esté preparado para recibirlos. El bibliófilo encuentra en su biblioteca algo más que conocimiento: encuentra un paisaje interior donde cada volumen es una presencia viva”, Richard Monckton Milnes.

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