Algunos de vosotros me estigmatizáis. La sociedad establece los medios para categorizar a las personas y el conjunto de atributos que se consideran naturales y normales para los miembros de cada una de esas categorías ¿Soy un anormal, un vulgar objeto de la subliteratura, un monstruo que no merece afecto y ternura? Cuando un individuo posee un atributo (digamos esquizofrenia) que lo hace diferente de los demás en una categoría determinada, ese atributo puede convertirse en un estigma: algo profundamente desacreditador. Yo he sentido ese proceso muchas veces. Demasiadas veces se me ha calumniado, repudiado y tachado, expulsado de vuestra comunidad moral de consideración y pertenencia. Entonces el individuo deja de ser percibido como una persona completa y corriente para convertirse, en la mente de los demás, en alguien marcado, reducido y desacreditado. En lugar de ver al individuo en toda su complejidad, la sociedad lo reduce a esa característica única, que eclipsa todas las demás (yo no soy mi enfermedad)
Nada es más punitivo que atribuir significados morales a una enfermedad. La enfermedad se convierte entonces en una metáfora de carácter, una señal de debilidad o corrupción interior. Este modo de pensar no solo es falso; es cruel. Impone sobre el enfermo una carga adicional de vergüenza y culpabilidad, cuando lo que necesita es comprensión y alivio. Se nos evita y elimina de cualquier delicada forma de amor. Las metáforas de la enfermedad son una forma de estigmatización que convierte el sufrimiento en acusación.
El estigma es cruel de muchas maneras. Obliga a quienes padecen enfermedades mentales a esconderse, a fingir normalidad, a vivir con miedo de ser descubiertos. Muchos prefieren el silencio antes que arriesgarse al rechazo social. Y así el sufrimiento se vuelve doble: el sufrimiento de la enfermedad y el sufrimiento de la soledad.
Cuando las personas son reducidas a un diagnóstico, se pierde la riqueza de su individualidad. Cada paciente es una historia, una vida, una personalidad única.
“Nadie ha escrito jamás, pintado, esculpido, modelado o construido sino para salir del infierno. Pero cuando el mundo llama locura a esa lucha interior, olvida que muchas de las formas más intensas de lucidez nacen precisamente en ese combate”, Artaud.
“La depresión y otras enfermedades mentales siguen rodeadas de un silencio cargado de vergüenza. Muchas personas sufren en secreto porque temen que los demás interpreten su dolor como debilidad o fracaso moral. Esa incomprensión social convierte una enfermedad tratable en un aislamiento devastador”, William Styron.
