El mundo va a acabar. La grisalla es atroz, la mediocridad, vulgaridad y fealdad colosal. Época degradada ¿Dónde están los mundos intensos? La verdadera civilización no está en el petróleo, ni en las máquinas; está en las rosas, los brillantes y los armiños. Todo supuesto progreso industrial y económico contemporáneo, tal como lo entiende el siglo, no es más que una forma de vulgaridad organizada.
La vida oscila miserable. El hombre moderno es una criatura fatigada, domesticada, satisfecha con pequeñas comodidades y mitos mediocres. Todo es grotesco. Todo es insoportable. Todo es ridículo. El mundo entero es una farsa organizada por imbéciles que se toman las cosas en serio. Vivimos rodeados de un rasero tan bajo que cualquiera dotado se asfixia. Todo se convirtió en esta insignificante Llanura Inmensa De La Trivialidad.
Roma está llena de vicios, de ambición, de vulgaridad. Todo se compra, todo se vende. La dignidad ha desaparecido. Olvidamos cómo hacer cosas bellas.
Paul Verlaine: “Llueve en mi corazón como llueve sobre la ciudad… / ¿Qué es esta languidez que penetra mi corazón?”. Georg Trakl: “Oscuros jardines del crepúsculo… / donde el alma se pierde en un silencio azul. / Todo se hunde en una dulzura extraña, como si el mundo quisiera desaparecer”.
¿Para qué poetas en tiempos de penuria?
