Charles 132

La democracia se rebaja cuando deja de estar sostenida por el peso del lenguaje, la secuencia del argumento y la paciencia del juicio, y pasa a ser gobernada por el clip, el eslogan, el tuit, el gesto y la descarga emocional. Entonces no desaparecen necesariamente las instituciones; se vacía, más silenciosamente, la inteligencia pública que debía animarlas.

La imagen y las redes evitan o impiden grandemente que hagamos elaboraciones conceptuales sobre la cosa pública.. Se atrofia nuestra capacidad de abstracción y, con ella, nuestra capacidad de entender. La verdad deja de depender del argumento y pasa a depender de la visibilidad. La imagen y el fragmento en las redes no explican: impactan. Y el impacto sustituye a la explicación. La opinión pública se forma cada vez menos a través de la reflexión y de la deliberación, y cada vez más a través de la impresión.

La política se convierte en espectáculo, en dramatización, en escena. Y lo que cuenta no es lo que se dice, sino cómo aparece. El líder político se convierte en un actor; su éxito no depende de su pensamiento. No caben lo complejo, lo articulado. Cede el lenguaje argumentaticvo a la emoción.

Si la palabra pierde su centralidad, la política pierde su racionalidad. Observo en España una democracia frágil formada por ciudadanos de segunda categoría intelectual, ciudadanos cada vez menos habituados al esfuerzo de comprender y juzgar.

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