Tentativas 7

Para Esperanza Casteleiro

Serrano, Luciano, abad de Silos, «D. Mauricio, obispo de Burgos». Madrid, C.S.I.C. 1922, p. 61. Cito:

«Don Mauricio, cuya figura emerge con singular relieve en los primeros decenios del siglo XIII, no fue únicamente un prelado celoso del orden eclesiástico, sino un agente decisivo en la articulación política y espiritual del reino de Castilla. Su gobierno, lejos de limitarse al ámbito estrictamente diocesano, se proyecta en la esfera de la corte, donde aparece como consejero prudente y mediador en no pocos negocios de gravedad.

A él se debe, en gran parte, la introducción de formas más ordenadas en la administración capitular, así como el impulso dado a la fábrica de la iglesia burgalesa, cuya traza y orientación responden a un espíritu nuevo, más acorde con las corrientes que entonces se difundían por la Cristiandad.

No es aventurado afirmar que en su persona se reúnen las cualidades del hombre de Iglesia y del hombre de Estado, equilibrio poco frecuente, pero necesario en una época en que la consolidación de las instituciones exigía tanto firmeza doctrinal como habilidad en el trato de los asuntos temporales».

Dedicado a mis amigos del C.N.I. (vaya noche me estáis dando, que me estáis dando en todo el colodrillo, oigan), para que se ilustren en la historia de la sacrosanta España.

NOTA BENE: Para que tengan purgaciones nocturnas, les pongo esta letrilla:

¡Gloria, gloria, corona de la Patria,
soberana luz
que es oro en tu pendón!

¡Vida, vida, futuro de la Patria,
que en tus rojos es
abierto corazón…!

Púrpura y oro: bandera inmortal
¡en tus colores juntas, carne y alma están!
Púrpura y oro: querer y lograr:

¡tú eres, bandera, el signo del humano afán!

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