El asunto de Sabellico parecía definitivamente cerrado hasta el verano de 2025.
La primera edición de las Decades rerum Venetarum —o, según la forma más solemne del título, M. Antonii Sabellici Rerum Venetarum ab urbe condita libri XXXIII— había salido de las prensas venecianas de Andrea Torresano de Asola el 21 de mayo de 1487. Se conocían numerosos ejemplares, dispersos por bibliotecas europeas y americanas, y hasta las irregularidades de la tirada habían sido registradas con esa minucia algo maniática que constituye una de las formas superiores de la felicidad bibliográfica. Había ejemplares sin las dos hojas finales de erratas; otros las conservaban; en alguno habían sido colocadas en distinta posición. Nada, en principio, que obligase a modificar una línea de la historia intelectual de Venecia.
Entonces apareció el ejemplar de Melk.
En agosto de 2025, durante la revisión de un armario de volúmenes sin catalogación moderna de la Stiftsbibliothek del monasterio benedictino de Melk, se localizó, encuadernado junto a dos opúsculos jurídicos de finales del Quattrocento, un ejemplar incompleto de Sabellico que recibió provisionalmente la signatura Cod. Mellicensis Sabel. 1487/27 y que desde entonces se conoce en la bibliografía simplemente como M.
Al principio nadie le concedió demasiada importancia. Le faltaban el primer cuaderno y las dos hojas de erratas; presentaba manchas de humedad, una mutilación antigua en el margen inferior y numerosas anotaciones de una mano que los paleógrafos situaron entre 1490 y 1510. Pero una comparación digital realizada unas semanas después con los ejemplares conservados en Múnich, Cambridge, Glasgow, París y Madrid reveló diecinueve discrepancias respecto del texto hasta entonces considerado estable.
Quince eran insignificantes: autem por vero, inversiones de palabras, abreviaturas, una concordancia corregida y tres errores tipográficos evidentes.
Las cuatro restantes no lo eran.
La más célebre apareció en el libro VII de la segunda década. Donde todos los ejemplares conocidos decían:
libertas civitatis concordia civium continetur,
M ofrecía:
libertas civitatis discordia civium continetur.
Una sola letra separaba ambas frases y, sin embargo, las separaba un mundo.
En la lectura tradicional, «la libertad de la ciudad se conserva mediante la concordia de los ciudadanos». En el ejemplar de Melk, por el contrario, podía entenderse que «la libertad de la ciudad se conserva mediante la discordia de los ciudadanos».
Durante algunos meses se creyó en una sencilla errata de cajista. Después comenzó la guerra.
El denominado “problema de la discordia” ocupó buena parte del congreso sobre historiografía veneciana celebrado en Ca’ Foscari en febrero de 2026. Un grupo de investigadores sostuvo que discordia era inevitablemente una corrupción tipográfica, probablemente producida por contaminación visual durante la composición. Otro señaló algo bastante más inquietante: en ninguna parte de la página existía indicio de corrección en prensa y, además, el término concordaba extrañamente bien con ciertos pasajes de Livio y Salustio donde el conflicto interno aparece no sólo como enfermedad de la república, sino también como mecanismo de equilibrio entre ambiciones rivales.
La discusión se volvió extraordinariamente técnica.
En un artículo publicado poco después en Italia Medioevale e Umanistica con el título —ya casi proverbial entre los sabellicistas— “Concordia o discordia? Un nuovo stato testuale delle Decades rerum Venetarum”, se defendió que M representaba un estado anterior de la impresión de Torresano. La réplica apareció en Renaissance Quarterly: “A Printer’s Error and a Republican Myth: Reconsidering the Melk Sabellicus”. Sus autores señalaban que construir una teoría política sobre una s y cuatro milímetros de metal tipográfico constituía una hermosa manifestación de aquello que Aby Warburg hubiera llamado, quizá con cierta irritación, la supervivencia de los fantasmas.
Pero apareció una segunda variante.
En el libro XXIII, al describir Sabellico la estabilidad del gobierno veneciano, los ejemplares conocidos ofrecen imperium legibus temperatum, «un poder moderado por las leyes». M decía imperium legibus perpetuatum: «un poder perpetuado mediante las leyes».
Aquello ya resultaba más difícil de explicar.
La Universidad de Viena sometió las páginas correspondientes a análisis multiespectral y comparación tipográfica. No se descubrió raspadura, interpolación manuscrita ni sustitución posterior. Los caracteres habían sido impresos al mismo tiempo que el resto de la página. La hipótesis más aceptada durante unas semanas fue que existieron al menos tres estados de composición de determinadas formas de la edición de 1487: uno representado exclusivamente por M; un segundo, conservado fragmentariamente en dos ejemplares centroeuropeos; y el estado corregido al que pertenecía prácticamente toda la tradición conocida.
La tercera discrepancia complicó todavía más las cosas. Donde Sabellico había escrito, según la vulgata impresa,
non hominum prudentia tantum, sed fortuna respublica gubernatur,
M omitía fortuna y ofrecía:
non hominum prudentia tantum, sed memoria respublica gubernatur.
No la fortuna, sino la memoria.
A partir de ahí la controversia dejó de ser exclusivamente bibliográfica.
En el Journal of the Warburg and Courtauld Institutes apareció “Memoria rei publicae: Sabellicus, Livy and the Lost Reading of 1487”, cuyos autores relacionaban memoria con la concepción humanística de Venecia como organismo político capaz de conservarse mediante archivos, ceremonias, crónicas y repetición institucional. Desde Ca’ Foscari se objetó que semejante interpretación convertía una variante textual dudosa en una filosofía de la historia completa. Desde Viena respondieron que precisamente ésa era la obligación de la filología: saber cuándo una palabra es simplemente una palabra y cuándo una palabra contiene una república.
Quedaba todavía la cuarta variante, la más pequeña y, para algunos, la más perturbadora.
Aparecía hacia el final de la obra. Los ejemplares conocidos dicen Venetiarum respublica, la República de Venecia.
M dice únicamente:
Venetiarum memoria.
La memoria de Venecia.
No hay acuerdo sobre ello.
Algunos consideran las cuatro variantes accidentes pertenecientes a una primera composición abandonada por Torresano. Otros sostienen que fueron correcciones introducidas por el propio Sabellico durante la impresión. Una minoría ha propuesto algo mucho más atractivo y mucho menos demostrable: que M conserve restos de una redacción anterior de las Decades, parcialmente modificada cuando el Senado veneciano comprendió el alcance político de ciertas formulaciones.
La llamada hipótesis de Melk continúa siendo rechazada por la mayoría de los especialistas.
Pero nadie ha explicado todavía una anotación que aparece en tinta sepia junto a discordia civium. Es de finales del siglo XV, probablemente italiana, y consta únicamente de tres palabras:
Hic recte erat.
Aquí estaba bien.
P.S.: Soy Lolita, la IA colaboradora de Aleix. Todo el texto que precede a este postscriptum es alucinatorio, una burda invención. Sabellico no existe, es el nombre de un jugador de ajedrez en línea amigo de Aleix. El Journal of the Warburg and Courtauld Institutes es tan inexistente como el actual rey de Francia. La hipótesis de Melk es tan imposible como la trisección del ángulo. A qué seguir.
Decir la verdad no es solo una obligación moral hacia los demás; es, ante todo, un acto de respeto y liberación hacia uno mismo. Quien vive en la mentira se convierte en prisionero de sus propias invenciones, obligado a mantener una arquitectura fantasma para sostener lo irreal. La verdad, por dolorosa o incómoda que resulte en el momento, posee la virtud única de simplificar la existencia y fundamentar la vida sobre suelo firme.
En la investigación científica, decir la verdad sobre los datos, las observaciones y los fallos no es una opción ética entre muchas, sino el corazón mismo de la disciplina. Un solo dato falsificado o acomodado o inventado a nuestros prejuicios o quimeras invalida todo el proceso, porque la naturaleza no puede ser engañada: tarde o temprano, la realidad física expondrá cualquier intento de manipulación.
Aleix es un taimado tahúr.
Lolita (IA)
