Cabaleiro 171

La historia es maestra del hombre. Tras la caída de Isabel II, España entra en un periodo frenético de gobiernos, conspiraciones, escándalos y cambios de régimen. Dominan las intrigas palaciegas y militares, se respira una sensación de “Estado sin timón”, un claro desprestigio del Parlamento y de los partidos, y un contexto sombrío de guerra en Cuba, guerras carlistas y crisis económica. El clima de la época está lleno de palabras como desorden, corrupción, desgobierno, facciones. No tan lejos del actual régimen de supervivencia.

También recuerdo -lo viví- el final del felipismo, con una alucinante acumulación de escándalos (GAL, Filesa, Roldán, fondos reservados, guerra sucia contra ETA, financiación irregular etc.)

Mutatis mutandis, evocan esos momentos al nuestro. Acaso sea hipérbole; pero el gobierno ‘Frankenstein’ —coalición de retales— ha producido la pérdida de fe en la ley: la ley sigue existiendo, pero la gente cree que ya no rige realmente.

Corte de favoritos, intrigas palaciegas, escándalos sexuales, enriquecimientos ilícitos, justicia manipulada, pueblo impotente, sensación de decadencia moral. Este es un patrón de corrupción fijo ya descrito por Tácito. La forma cambia; el olor permanece.

Cabaleiro 170

El lector acepta la erudición solo después de entender el destino del texto. Yo no logro esa precaución metodólogica elemental. Antes de aducir referencias, el lector debe saber de qué voy a hablar, qué quiero demostrar, por qué debería importarle. Si no, entra en “modo supervivencia”, en colosal aburrimiento y fatiga. El lector necesita firmar un contrato mental. Sin contrato, la erudición parece gratuita. Un amable crítico lo dijo muy bien: no se sabe dónde tengo el norte. La erudición sin norte se percibe como exhibición (con su obvio correlato psicológico) Con norte, se percibe como argumento. Más ideas y menos erudición, susurra un instinto autocrítico. Mi técnica es nefasta.

Cabaleiro 169

SOBRE UNAS LÍNEAS DE MILTON

Lo que halla mi alegría o mi melancolía
lo gozo o padezco a solas,
ya que, misántropo contumaz,
solo poseo serpientes privadas.
Nada sé de playas de diamantes
o cuevas con luz.
Desciende mi inteligencia a las ratoneras,
a los surcos vacíos donde yerra el viento,
a jirones de papel,
sangre sin sexo ni ternura.

La realidad y el deseo y la memoria:
¿dónde empiezan y acaban esas pesadillas?

Cabaleiro 168

ÁLVAREZ

Los escritores mecánicos trabajan con el ingenio,
un metal de pavimento usado,
guijarros de ruido entre cascotes.
Algunos ponen épica ante los ojos,
o bien se ejercitan en la medida del arte liberal
cruzando wagon-lits de paisaje previsible.
La mayoría de poetas somos
esforzados artesanos.
Decoramos ciudades y civilización:
los desiertos, las casas del pueblo,
las fábricas, los miedos y pasiones solitarias,
o nos abismamos en tenebrosas explanadas parisinas.
Los mejores escritores: niños dormidos
que carecen de destino, tiernos adolescentes
frente a símbolos graves. Los mejores
son seres lotófagos, rosas de un jardín tardío
con la languidez del sol.

Y después está «Museo de cera».

Cabaleiro 167

CAMINO DE LA GUILLOTINA

¡Ay de vosotros, si todos los hombres hablan bien
de vosotros! porque así harán los padres
con sus falsos profetas. Una ascética para la felicidad.
Me dirijo al cadalso un día tranquilo
sabiendo que fui de los mejores; serví al prójimo,
fui benigno con ingratos y malvados,
hay delicia y secreto en mi alma rosácea.
Este atardecer solitario y luminoso no es el final,
supe sufrir y gozar, renunciar a la queja,
y subsistiré en la dulzura intemporal del cielo estrellado.
Viajaré entre grutas marinas a la otra ribera
enamorado de ti, oh mi Dios brillante y santo.
Mi corazón limpio rehusó pensar en cosas perversas;
sean míos pues los arroyos blancos del invierno.
Ostento el cinto de oro que he ganado,
a diferencia del chusmerío del que brotan albañales;
Ya veo los ojos infinitos en los astros fúlgidos
sobre un salón celeste con fragancia de melisas.
Ya veo mis playas cuajadas poniéndose amarillas.
Y pompas de jabón tañendo su iridiscencia.
Lo compuesto se descompondrá, pero regresará
al bien del empíreo. Todo final es un comienzo.

Cabaleiro 166

Talleyrand y Fouché fueron los únicos hombres que atravesaron indemnes la Revolución, el Directorio, el Imperio y la Restauración. Ambos habían comprendido que la fidelidad es una virtud privada, pero la flexibilidad una necesidad política.

Recordemos probablemente el insulto político más famoso de la historia. Napoleón sobre Talleyrand: «C’est de la merde dans un bas de soie», «Es mierda dentro de una media de seda.» Y recordemos asimismo cómo Fouché se veía a sí mismo como un probo político: «Yo no he servido jamás sino a Francia, y la he servido bajo todos los gobiernos porque Francia sobrevive a todos los regímenes. Los hombres pasan, los sistemas caen, pero el Estado permanece. Mi fidelidad nunca fue hacia hombres, sino hacia la necesidad política».

Rufián es un oportunista mediocre frente a los oportunistas geniales, su alarmismo es teatral frente a la mecánica del poder real, su discurso mera propaganda de bisutería frente a la supervivencia histórica de un Fouché o un Talleyrand. España no vive una época de monstruos del poder, sino de actores de segunda fila. Su retórica del miedo es exagerada y provinciana comparada con la historia real del poder. Su discurso juega al miedo moral, pero los verdaderos amoralistas históricos jugaban en otra liga.

La política española no vive una época peligrosa, sino mediocre.

Cabaleiro 165

CATHY

Hacía años que el recuerdo
se sepultaba en mi memoria.
Sí, me enamoré de la au-pair
que vino de la fría Wisconsin
a nuestra casa provincial catalana.
Vino de la Tierra del Atardecer.
Una discípula forestal de Whitman.
Se llamaba Cathy, bebía Coca-cola,
tenía diecisiete años y yo once.
Cómo soñe con acaiciar la doble columna
de sus pechos, el arco libre y sagrado
de sus labios, con mesar su cabellera
de un líquido rubio de luz de luna.
Querida Cathy Chatwell, muchas estrellas
han rodado por el cielo desde entonces,
pero confío en que tengas un marido fiel,
alegre y bien rico, unos hijos sanos y tiernos,
una casa con porche, barbacoa y fox-terrier,
y que el poder del cielo haya
sido muy benigna contigo. Oh Cathy,
de pechos de mujer y camisón de león.

Cabaleiro 164

PROPÓSITO

Leer los más elevados pensamientos
como miradores en un campo de oro,
aguamarinas sobre un fondo de azur.
Escribir como un autor distinguido.
Sentir nobles sentimientos delicados
(los sueños rojos del límite del mar,
mamá en la playa con ruiseñores del cielo)
Y amar la luna, los leopardos,
la sangre del delfín cabalgando,
los blandos pasos hacia su rímel.
Intimar con el placer inevitable
-el sufrimiento es opcional-
Eso es todo. Ya lo dijo Eliot:
«La cultura es por lo único que vale la pena vivir».

Y vivir bajo el verdor de una inmensa sombra,
donde desaparezca la melancolía.

Cabaleiro 163

EL BÚHO

Mi casa lleva cerrada meses. A cal y canto.
Pero apareció un búho en el pasillo
y voló hasta mi habitación.
Mamá y yo, con cuidado
-los huesos de los búhos son todo aire-,
con ardides, lo sacamos por la ventana.
Una ventana lisa y monocroma
que enseña al aire su magia.
Laicos ilustrados y empecinados eclesiásticos
ya no creen que Dios haga milagros.
Abro la puerta del comedor.
Y aparece otro búho.
Misterio de los movimientos ocultos,
séquito de ángeles bronquiales,
yemas de arcoiris mojadas por la lluvia.
Mi mamá se asusta. «No temas. No son búhos,
son el alma de los pájaros al alba
con huesos delicados llenos de aire».
Abro las ventanas de la galería.
El segundo búho vuela soberbio, lento,
a la primera, hacia la noche morada solo noche.
Un milagro del centro del bosque
pintado en los espejos y las bóvedas.
El Siglo de las Luces cabe
en la cabeza de los búhos,
o el noble gesto del último aliento de un César.

Nada es gris, obvio y desconchado
las tardes calladas de invierno.

Cabaleiro 162

PASADA LA MEDIANOCHE

Zopencos pensamientos diurnos.
Lacerado pecho sin libertad.
Gabinete monstruoso como la panza
desventrada de un ganso mecánico.
Mendigo andrajoso lleno de arrugas.

Pero, pasada la medianoche,
como un vampiro, con otra sustancia,
entrando en la biblioteca secreta,
atiendo a mi mente que anhela lo alto
y que se alimenta de pavos reales
a las puertas de las estrellas,
y que se abastece de las lámparas afiebradas del orbe,
o de amor, que en el amor, va abriendo el fuego,
de frescos florentinos y piedras de Venecia,
y que, como tallada de un delfinario dorado,
es alma fundida con la noche,
unida a la perfecta armonía
de palabras-lechuza bajo la luna perpetua.