Cyril 39

Conviene recordar a Neil Postman cuando advertía que el problema no era que la televisión mintiera, sino que todo lo que tocaba lo transformaba en espectáculo. El medio no es neutral: convierte la tragedia en secuencia repetible, la muerte en primer plano, el duelo en testimonio crudo, la intimidad en mercancía emocional.

La intimidad no es un residuo del pasado ni una manía burguesa; es una condición de posibilidad de la vida interior. Sin intimidad no hay pensamiento lento, ni duelo verdadero, ni deseo no colonizado. Cuando el dolor, el sexo o la humillación se exhiben no se liberan, se expropian. No es la persona quien decide narrarse; es el sistema quien extrae valor de su exposición. Empresas privadas se benefician de aquello que debería permanecer inviolable.

***

«Cuando una tragedia se transmite como imagen repetida, cuando el dolor se convierte en contenido visual, ya no se nos pide comprender ni juzgar, sino consumir emociones. La televisión no está equipada para la reflexión moral; está diseñada para retener la atención. Así, el sufrimiento ajeno deja de ser una llamada a la responsabilidad y se convierte en un episodio más, intercambiable, olvidable», Neil Postman.

«Las imágenes del dolor no nos hacen necesariamente más sensibles. La repetición del horror produce familiaridad, y la familiaridad produce indiferencia. Hay algo profundamente problemático en la exhibición reiterada del sufrimiento ajeno: el espectador no puede ayudar, no puede reparar, no puede intervenir. Solo puede mirar. Esa mirada, cuando se institucionaliza, corre el riesgo de convertir el dolor en un espectáculo moralmente neutralizado. Ver demasiado es una forma de dejar de ver», Susan Sontag.

NOTA BENE: Ideas inspiradas en el tratamiento mediático del accidente ferroviario de esta noche.

Cyril 38

Jorge Luis Borges

«Yo siempre he creído que el paraíso sería algún tipo de biblioteca. Pero si tuviera que elegir un solo libro, ese libro sería la Divina Comedia. No porque la entienda del todo —nadie la entiende del todo—, sino porque es un libro que se relee siempre como si fuera nuevo. Dante no escribió un libro: escribió un universo moral. Todo lo que vino después, en mayor o menor medida, está contenido allí».

Vladimir Nabokov

«Si me preguntaran cuál ha sido el libro que más ha influido en mi manera de escribir, diría sin dudarlo Madame Bovary. No por su historia, sino por su precisión. Flaubert me enseñó que la prosa no es un vehículo para ideas, sino un arte en sí misma. Leerlo es aprender a mirar con exactitud quirúrgica. Después de Flaubert, escribir descuidadamente se vuelve un pecado».

Marcel Proust

«Montaigne fue el primer hombre que me habló como si yo existiera. No como lector abstracto, sino como conciencia singular. Sus Ensayos me enseñaron que pensar no es concluir, sino explorar. Que un libro puede ser el registro de una mente viva, no un monumento. Todo lo que he escrito nace de esa lección».

Albert Camus

«La Odisea fue el libro de mi juventud. En él aprendí que el mundo es duro, pero habitable; que el hombre puede errar durante años sin perder del todo su dignidad. Ulises me enseñó más sobre la perseverancia que muchos tratados morales. Ese libro me acompañó siempre, incluso cuando escribía sobre el absurdo».

Susan Sontag

«Leer a Proust fue una iniciación. No solo a una obra, sino a una manera de estar en el mundo. Después de Proust, la experiencia deja de ser algo que se vive y se olvida: se convierte en materia reflexiva. Es un libro que no se termina; se habita».

Thomas Mann

«Fausto fue para mí una escuela espiritual. Goethe comprendió que el alma moderna es contradictoria, insaciable, trágica. Ese libro me enseñó que la grandeza literaria no está en la pureza, sino en la tensión. Todo mi trabajo posterior dialoga con esa obra».

Emil Cioran

«El Eclesiastés es el único libro que nunca me ha decepcionado. Todo lo demás promete demasiado. En esas páginas está dicho lo esencial: la vanidad de los esfuerzos humanos, la lucidez sin consuelo, la ironía divina. Es un libro escrito para quienes no esperan salvación».

George Steiner

«La Ilíada es el libro central de nuestra civilización. En él se encuentran el honor, la violencia, la compasión, la muerte. No hay psicología moderna que no esté ya allí. Leerla es enfrentarse al núcleo trágico de lo humano».

Virginia Woolf

«Si tuviera que elegir una novela que lo contenga todo, sería Middlemarch. Es una obra que respira inteligencia moral. George Eliot comprendió que la vida no se compone de gestos heroicos, sino de decisiones pequeñas y consecuencias lentas. Es un libro que ensancha el alma».

NOTA BENE: Libros canónicos de extraordinaria altura —nada que objetar; antes al contrario. Pero nadie hurtará de mi corazón a Stevenson, leído con una felicidad física, casi hormonal, sanguínea. Ni las historias de piratas, de mares lejanos, de tesoros: sol de azabache, cálido maquillaje. Ni los tebeos, la ciencia ficción, los folletines: escollera de porcelana, agua de luz. El placer precede siempre al análisis. Antes del canon estuvo el rapto. Antes del juicio, la alegría.

Cyril 37

Hay algo como una auto-reducción patológica (“yo soy mi enfermedad”) que queda desmentida por mi infancia, reino afortunado, paraíso sellado. Es como recordar una abundancia de deseo, de energía y salud, de sol e imaginación, un paraíso que recuerdo perfecto (ninguna infancia lo es) debido a que no tuvo continuidad. Lo que torció la vida fue la irrupción de lo psicótico.

Todo era absoluto: el juego, el Scalextric, la playa, los libros, el deseo, los amigos. Por eso, cuando los rememoro, no echo de menos solo lo que ocurrió, sino la forma en que mi corazón era capaz de hacerlo todo con ello. Una alegría sin que la saquease ningún infortunio.

De las sombras que necesariamente hubieron, juro que no recuerdo ni una. Fui un niño inmensamente feliz. Soy un adulto abrumadoramente vulnerable. Puebla mi memoria aquel regaliz dorado.

La nostalgia no es un burdo pasatiempo.

Cyril 36

Siempre hablo de mí. Yo, yo, yo, y dale cuerda, dale que dale, al yoyó.

No hablar de viajes, mujeres, ciudades o juergas, ¿me empobrece literariamente? Acaso esa es una superstición contemporánea. Montaigne no viajó apenas; Kafka no vivió aventuras; Pessoa apenas salió de Lisboa; Cioran repitió durante décadas los mismos cafés y las mismas ideas. La experiencia exterior no garantiza nada.

Me gustan aquellos de mis escritos en que el yo es una lente para ver el mundo, pero me hastían los que son un espejo que no devuelve nada. El yo no aburre cuando es profundo; aburre cuando se vuelve previsible incluso para quien lo escribe.

Me fatigo de mí, me contradigo, me desdigo, huyo de mi retrato en el mismo momento en que lo trazo. Yoyó. Me analizo porque no tengo otra cosa que hacer, y cuanto más me analizo menos me intereso. Si hablo tanto de mí es porque no consigo salir de mí, no porque me importe demasiado. El narcisismo verdadero sería estar satisfecho; yo no lo estoy. Me aburre ser Christian Sanz. Me observo porque no tengo escapatoria, no porque me admire. El yo es una prisión; escribir es golpear sus muros sabiendo que no caerán, que permaneceré entre ellos siempre. Me cansa mi vacía autobiografía sin hechos.

Me cansa hasta el mareo ser Christian Sanz.

Cyril 35

Gustave Flaubert

«El lenguaje castiga al escritor descuidado. Una palabra mal elegida no es un fallo menor: es una traición. La frase puede estar bien construida, pero si una sola palabra no es la exacta, todo se hunde. El error más común consiste en creer que el sentido general basta. No basta nunca. La exactitud es una moral».

«El mayor error del escritor es creerse inspirado cuando en realidad está inflado. La frase sonora, el efecto brillante, la palabra rara: todo eso seduce al principiante y pierde al mediocre. La verdadera dificultad no consiste en decir cosas sublimes, sino en decir con exactitud cosas simples. La literatura muere cuando el estilo quiere sustituir a la verdad».

Franz Kafka

«Mucho de lo que se escribe no nace de una necesidad real, sino del deseo de ser escritor. Ese es un error irreparable. Si uno no escribe porque no puede hacer otra cosa, lo que escribe será superfluo. La literatura no admite suplentes del impulso verdadero».

Virginia Woolf

«Nada resulta más estéril que escribir bajo la sombra de otros. Muchos escritores fracasan porque intentan parecerse a alguien a quien admiran. Olvidan que la tarea no es repetir una voz, sino descubrir la propia. La imitación prolongada es una forma elegante de silencio».

«Nada es más dañino que un tono impostado. Cuando la frase no corresponde al estado interior, el lector lo percibe de inmediato. El error no es equivocarse, sino escribir desde un lugar que no es el propio».

Jorge Luis Borges

«Un escritor puede arruinar un texto mostrando demasiado su inteligencia. La ostentación intelectual fatiga y aleja. La inteligencia debe operar en secreto, como el mecanismo de un reloj: si se ve demasiado, deja de funcionar como literatura».

«Un error frecuente es confundir abundancia con riqueza. El escritor cree que añadir palabras añade profundidad, cuando a menudo sucede lo contrario. El lenguaje debe ser invisible. Cuando se nota demasiado, el texto se vuelve sospechoso».

George Orwell

«Cuando el lenguaje se vuelve vago, el pensamiento se vuelve perezoso. El escritor comete un error grave cuando permite que las palabras piensen por él. Las frases hechas, los giros automáticos, las metáforas gastadas son síntomas de una renuncia: se escribe sin haber pensado».

Italo Calvino

«La palabra innecesaria es una carga. Muchos textos fracasan porque cada frase pesa demasiado. El error no está en la complejidad, sino en la falta de ligereza. El lenguaje debe sostener la idea, no aplastarla».

Samuel Beckett

«Cada palabra de más aleja el texto de su verdad. El escritor habla porque teme el silencio. Pero es en el silencio donde el lenguaje adquiere su tensión. El error consiste en no saber cuándo callar».

Miguel de Unamuno

«El lenguaje que no sangra es retórica. Muchos escritores se refugian en palabras bellas para no decir nada verdadero. El error no está en el estilo, sino en usarlo como escudo».

Natalia Ginzburg

«Cuando el lenguaje se vuelve enfático, la emoción se debilita. El escritor que subraya demasiado desconfía de su experiencia. Las palabras sobrias son más fieles que las exaltadas».

Susan Sontag

«El lenguaje puede convertirse en una coartada elegante para no enfrentarse a la experiencia. El escritor incurre en error cuando analiza antes de haber vivido, cuando teoriza para no sentir».

Emil Cioran

«El lenguaje puede falsear incluso el sufrimiento. Hay escritores que embellecen su desesperación hasta volverla aceptable. Ese es el peor error: traicionar la verdad por una buena frase».

Cyril 34

Me apenan los desprecios y los motes. Me duele la humillación repetida. Me entristecen las burlas, los comentarios de befa, recibidos desde mi joven adolescencia. Pero me enorgullezco de no haberme convertido en alguien cruel, duro, sarcástico, mordaz o vengativo. Me honra (disculpen la vanidad) haberme convertido en alguien incluso bondadoso. No respondí al odio con odio, a la agresión con agresión, a la sevicia con la sevicia.

He sido ridiculizado por mi torpeza, por mi habla pastosa, por mi modo de babear, por mi incapacidad para participar en la vida común. Nunca respondí con odio. No porque no lo sintiera, sino porque comprendí que odiar habría significado aceptar el lenguaje de quienes me herían inhumanamente.

Nunca permitiré que el odio eche raíces en mí.

Cyril 33

He pasado por la vida sin conocer el amor humano en su forma plena. No por desprecio, sino por incapacidad. El amor me parecía una región a la que no tenía acceso. A veces siento que he sido fiel a algo más alto, o bien que permanecí fijado a algo muy bajo, otras que he sido simplemente un hombre incompleto. No amar deja una huella más profunda de lo que se cree. El amor me parecía un privilegio ajeno. He vivido con el sentimiento de que no estaba hecho para la felicidad compartida. No es que no deseara amar; es que siempre llegaba tarde, cansado, muy herido. Hay hombres que nacen para el amor y otros que solo lo observan desde fuera.

Desde joven sufrí psicosis. Por lo que no tuve suelo, ni tiempo, ni calma interior para que brotara. Eso no dice nada malo de mi capacidad de amar. Acaso sí, y fui -soy- un monstruo moral. He tenido simpatías, ternuras vagas, curiosidades del alma, pero no ese abandono total que otros llaman amor. Y hoy, al mirar atrás, no siento orgullo por mi independencia estéril, sino una especie de cansancio triste. Me ahorré sufrimientos, pero me negué esa sublime forma de plenitud que significa vivir acompañado, enamorado. Perdónenme.

Cyril 32

Me quedé traspuesto y soñé. En mi sueño, el lenguaje adquiría una solemnidad intolerable. Cada palabra parecía cargada de siglos, como si fuese pronunciada por la historia misma. Desperté exhausto, no por las imágenes, sino por el peso del significado. Las palabras que oía no eran las del habla común. Cada vocablo tenía una resonancia infinita, como si contuviera todas las acepciones posibles a la vez.

Noto opacas y usadas, grises y sin magia, ya despierto, las palabras del día a día.

Cyril 31

El escritor ridículo escribe para que lo miren. Escritores que se exhiben en vitrinas: hablan de sí mismos, se citan, se celebran, se vigilan.

Photocall de Zenda. No lo olviden. Los escritores que frecuentan recepciones, suplementos culturales y cócteles literarios son, por lo general, individuos que han sustituido el trabajo por la representación. No escriben libros: interpretan el papel de escritor. Todo en ellos es impostura, incluso su desprecio. La literatura es su pretexto; el escaparate, su hábitat natural.

«La celebridad literaria es, a menudo, inversamente proporcional a la densidad intelectual. Vivimos rodeados de autores que hablan más de lo que leen, que se promocionan más de lo que escriben. El ruido social sustituye al silencio creador. El escritor que no soporta desaparecer entre libro y libro suele tener muy poco que decir en ellos», Steiner. Y Ortega y Gasset: «La figura del intelectual convertido en espectáculo es una de las más tristes invenciones de la modernidad. El escritor que busca constantemente el aplauso termina escribiendo para el eco, no para la verdad. La cultura, cuando se vuelve exhibición, deja de ser exigencia y se transforma en ornamento social. El literato que se ofrece como producto acaba pensando como producto».

Se me llamará resentido, pero, honestamente, no puedo reprimir el asco que me producen este género de papagayos.

Cyril 30

La idea de morir me acompaña como una canción de cuna. No porque quiera desaparecer, sino porque quiero que el dolor termine. Morir sería como cerrar un libro demasiado leído, demasiado aburrido.

Solo. Con intensas ganas de buscarme el corazón con el cuchillo de mango de madera. Pedí una señal para vivir: algo como interferencias en la radio. Debido a una alucinación, las oí.

Hoy he sentido de nuevo esa antigua amenaza; no una tristeza concreta, sino una presión difusa, ganas (enérgicas, definitivas) de matarse. Escribir es resistir el vacío. Voy a llamar al 112 o al 024.

NOTA BENE: Fue un pico de descompensanción. Me ajustaron la medicación. Ya me encuentro de fábula.