La filología es el arte de leer lentamente. Hoy se escribe rápido y se lee todavía más rápido. Pero leer bien significa leer con paciencia, con precaución, con malicia incluso, para permitir poder someterse durante horas a una lógica ajena. El libro no debe masticarse con voracidad, sino paladearse con morosidad.
Tu quoque 58
Emil Cioran
«Detesto las fiestas porque me recuerdan que hay fechas en las que uno debería sentirse de una manera determinada. La Navidad es una apoteosis de la impostura: todos fingen haber suspendido el rencor, la fatiga, la envidia, cuando en realidad solo los han aplazado. Se trata de una tregua falsa, y como todas las treguas falsas, prepara guerras más amargas. El calendario es un tirano más eficaz que cualquier policía: nos ordena cuándo amar».
Thomas Bernhard
«La Navidad es el mayor atentado anual contra la inteligencia. Familias enteras se sientan juntas no porque se soporten, sino porque la fecha las obliga. Se habla de todo menos de lo que importa; se mastica con frenesí para no pensar; se repiten frases heredadas como si fueran propias. Jamás he visto tanta violencia concentrada como en una mesa navideña. Violencia muda, perfectamente educada, por eso mismo insoportable».
Jean-Paul Sartre
«La fiesta es una representación. Cada cual interpreta un papel aprendido, y cuanto mejor lo interpreta, más se aleja de sí mismo. La Navidad pretende abolir la soledad, pero solo consigue disimularla bajo una escenografía sentimental. Es una comedia social en la que todos saben que mienten, pero continúan mintiendo porque el silencio sería más incómodo que la falsedad compartida».
Tu quoque 57
Feliz Navidad. Buen día para leer.
Tu quoque 56
CLASIFICACIÓN: RESERVADO
ÓRGANO EMISOR: Centro Nacional de Inteligencia
UNIDAD: Área de Contrainteligencia Interior
ASUNTO: Informe de seguimiento operativo — sujeto de interés (referencia interna: TP-BCN-17)
Con fecha indeterminada de la última semana, se inicia investigación discreta en la ciudad de Barcelona tras la detección de conductas no tipificables y patrones de movilidad anómalos en el sujeto referenciado. La investigación, sostenida en vigilancia física y análisis contextual, permite establecer con alta probabilidad operativa la existencia de un traspaso de información sensible por parte del servicio extranjero Mossad, materializado mediante un dispositivo de almacenamiento USB (en adelante, el soporte).
2. Naturaleza estimada de la información transferida
El análisis indirecto (no se ha recuperado el soporte) sugiere que la información contenida no es documental en sentido clásico, sino estructural y memorística, compuesta por:
Esquemas de redes culturales y comerciales en el eje Barcelona–Marsella–Génova.
Listados de identidades parciales codificadas mediante onomástica sefardí, transliteraciones árabes y claves fonéticas.
Instrucciones mnemotécnicas avanzadas para almacenamiento mental de datos (fechas, rutas, contactos).
Protocolos de activación diferida basados en estímulos cotidianos (conversaciones, música, referencias culturales).
Se concluye que el sujeto no necesita consultar físicamente el soporte tras su recepción.
3. Conductas observadas
3.1 Deambulación urbana
El sujeto realiza paseos prolongados, sin trayectorias previsibles, por zonas céntricas y periféricas. No se detecta finalidad aparente. Se descarta ocio improductivo.
3.2 Interacción con terceros
Mantiene conversaciones espontáneas con parroquianos de bares y cafés, sin selección visible. Estas interacciones cumplen funciones de:
Verificación de circulación informal de información.
Detección de reacciones lingüísticas y gestuales ante determinados nombres o temas.
Introducción deliberada de datos menores para evaluar su posterior retorno deformado.
3.3 Competencias lingüísticas
Se confirma dominio funcional del hebreo y conocimientos operativos de árabe, suficientes para reconocimiento contextual, citas breves y comprensión indirecta. Su capacidad memorística es excepcional.
3.4 Entorno familiar y social
Conducta afectiva, expansiva y estable con el núcleo familiar. Se considera factor de neutralización de sospecha y no un punto débil. No se aprecian tensiones ni conductas evasivas.
3.5 Hábitos culturales
Frecuenta de forma reiterada:
Librerías de fondo francés e inglés.
Teatros y salas de cine.
Estas actividades generan entornos de alta densidad humana que dificultan el seguimiento y permiten sincronización temporal no trazable.
3.6 Variación de apariencia
Se constata el cambio de vestimenta en espacios públicos (bares) o la adquisición inmediata de ropa nueva, abandonando el establecimiento con ella puesta. Esta práctica:
Rompe descripciones continuadas.
Invalida seguimientos por reconocimiento visual estándar.
4. Dificultades de seguimiento
El sujeto no adopta medidas defensivas clásicas, lo que incrementa la complejidad del control. No huye, no se oculta, se expone. La ausencia de clandestinidad explícita genera un ruido conductual que imposibilita la fijación de patrones estables.
5. Evaluación de la hiperactividad
No se atribuye a rasgo psicológico ni a desorden conductual. La hiperactividad observada es funcional y económica: cada acción cumple una finalidad mínima dentro de un sistema mayor de dispersión, activación y verificación de información.
El sujeto no transporta documentos.
El sujeto es el medio de transporte.
6. Conclusión provisional
No se detectan indicios de acción hostil directa contra intereses nacionales. El perfil corresponde a vector humano de transferencia cognitiva, de difícil neutralización sin alterar su entorno vital.
Se recomienda mantener observación pasiva, sin intervención, y archivar el presente informe como material narrativo-operativo de referencia.
FIN DEL INFORME
Tu quoque 55
LA VIDA
A Martha Cots
Ya es hora de meditar la vida,
en esta última vuelta del invierno cálido.
La atravesé guiado por diferentes estrellas,
entre corales sarmentosos y avecillas
con claros ojos de rumor de ramas.
Me acuchilló la mano tibia de Martha,
besos de hondísimo misterio,
fresca gruta donde macera el vino.
Es hora -«l’ horabaixa»- de meditar la vida.
Escribí, leí, estudié, pero, sobre todo,
viví un amor, hecho de ondinas y
gravitación de astros. Busco, con ahínco,
que eso que amé no se pierda. Y, al final,
cuando venga la oscuridad ingrata, busco
que explote como una súpernova del corazón.
Tu quoque 54
VARIACIONES A UN FAMOSO POEMA
Maravillas de la ciudad, avenidas
y bulevares, semáforos color malva
y pedernal, terrazas y cemento de delfines,
entre asfaltos una transeúnte se esfuerza
por alcanzar las pomas más doradas,
blancura en las sienes, zaguanes
y patios escondidos. Después,
el restaurante de mariscos caros,
y los ojos ardiendo como faros.
Tu quoque 53
Al gran público, incluidas las clases trabajadoras, les gusta el capitalismo. No les interesa demasiado liberar su imaginación. En vez de abarrotar galerías de arte y recitales de poesía, siguen teniendo una afición malsana por los deportes, la televisión, las redes y las bebidas alcohólicas.
No necesitan satisfacer necesidades «profundas», desean solo adquirir productos de consumo.
Tu quoque 52

Viajar. Saber de diversidad de vidas, opiniones, usos y costumbres. El viaje, que lima cosmovisiones estrechas. Nada despoja tanto al hombre de su vanidad como verse extranjero, torpe, extraño y desorientado ¿Enfrentarse a la vastedad errante? No hay poco de poesía y conocimiento en ello. La quietud prolongada enferma.
Pero, el viaje, ¿alivia el vacío o lo traslada? Quizá viajar sea cosa buena hasta los treinta o, como mucho, los cuarenta años, cuando hombres y mujeres estamos formando nuestro carácter y abriéndonos a experiencias siempre enriquecedoras.
Pero, después de esa edad, lo preferible es quedarse en casa, en el pueblo o en la ciudad, a lo más, dentro del condado. Mencionemos como autoridad al infinito Flaubert: «Viajar vuelve estúpido. Uno cree que va a ensanchar su espíritu, y lo único que hace es acumular impresiones confusas. Las cosas vistas demasiado deprisa no dejan sedimento. Prefiero leer un buen libro en mi habitación que atravesar medio mundo para confirmar que los hombres son igualmente ridículos en todas partes».
Más que descubrir nuevos paisajes, debiéramos cambiar de ojos allá donde vayamos. A mí los libros me han dado más países que los trenes, los aviones, los barcos o los coches. Y no me arrepiento.
Y, sin embargo, yo mismo viajo ya con mi sentencia escrita. Mañana voy a la industriosa y nerviosa Barcelona -poco dada a la autocontemplación. Ciudad de cálculo y mediocridad como norma. Tiranía burguesa sin épica, sin sangre, al baño maría. Y desear lo edificante y cómodo, el dinero (precios carísimos, hoteles inasumibles), evitar la savia hirviente del espíritu.
Una Barcelona tranquila, de aburrida TV3.
Colas de acémilas en el MACBA.
Tu quoque 51

«Publicar demasiado pronto es una forma de traición a uno mismo. El escritor joven quiere existir para los otros antes de existir para su obra. La vida literaria, los círculos, las lecturas públicas, todo eso distrae de lo esencial: sentarse solo ante la propia insuficiencia. Escribir es una forma de oración. Y nadie ora para ser visto», Kafka.
«El joven escritor suele creer que tiene algo importante que decir. Grave error. Lo único verdaderamente importante es cómo lo dice. La fama es una enfermedad cutánea: superficial, visible y sin relación con los órganos vitales del arte. La literatura no nace del deseo de comunicar, sino del placer de construir», Nabokov.
«Quien entra en la literatura esperando gloria inmediata se expone a una larga humillación. El aplauso rara vez coincide con el mérito, y el mérito rara vez coincide con la juventud. La paciencia es el primer deber del escritor, y también el más difícil», Samuel Johnson.
«La juventud literaria suele ser pedante, impaciente y presuntuosa. Cree que el talento es una credencial suficiente y que el mundo le debe atención. Se habla mucho de vocación, pero poco de resistencia. La literatura no es una escalera para subir, sino un camino para desgastarse. El que entra esperando recompensas se amarga pronto. En España hay demasiados jóvenes que quieren ser escritores y muy pocos dispuestos a vivir como tales», Baroja.
«El joven escritor quiere vivir de escribir antes de saber escribir. Quiere que la literatura le alimente cuando aún no la ha alimentado él. El peligro no está en la pobreza, sino en el cálculo. Cuando se escribe pensando en el efecto, en el público o en la crítica, la literatura se vuelve un truco. El verdadero escritor es siempre un poco amateur, incluso cuando triunfa», Ramón Gómez de la Serna.
«Publicar joven no es una virtud. Lo es haber leído mucho, haber vivido algo y haber aprendido a callar. Muchos escritores jóvenes escriben como si temieran desaparecer si no publican. No saben que desaparecer un tiempo es una forma de preparación», Javier Marías.
«La manía de querer llegar es lo que pierde a los jóvenes. Quieren producir antes de haber madurado, publicar antes de haber sufrido, triunfar antes de haber trabajado. El arte no es una carrera, ni un oficio para ganar dinero, ni un trampolín social. Es una religión. Hay que servirlo con humildad, sin pensar jamás en el éxito, que es siempre una estupidez retrospectiva. El dinero y la gloria son enemigos mortales del estilo. En cuanto uno escribe pensando en ellos, la frase se afloja, el pensamiento se prostituye y la literatura se vuelve periodismo del alma», Flaubert.
«La juventud ama el gesto visible del genio: el hallazgo, la ocurrencia, la frase brillante. Ignora que la verdadera inteligencia literaria se forma en lo que no se ve: en la corrección interminable, en la supresión cruel, en la paciencia casi humillante de volver atrás. Publicar demasiado pronto equivale a fijar una torpeza. Es una forma de inmortalizar lo que todavía debía morir», Luis Sanz Leví.
«Muchos jóvenes escriben como quien declara una guerra sin ejército. Confunden la exaltación con la fuerza y la agresividad con la profundidad. Pero la escritura no es un grito: es una larga disciplina del oído. Antes de aprender a decir “yo”, habría que aprender a soportar el silencio que lo rodea», Noemí Chaudarcas.
Tu quoque 50

Libros de tapas gastadas, con errores tipográficos y con ese olor peculiar que solo tienen los libros viejos (ese olor escarlata del papel envejecido) El tacto de un volumen antiguo (los scriptoria monásticos en diembre con la tinta helada), la aspereza de su papel, su peso, sus márgenes, la textura física como la mejor de las mitomanías (Martha, abandonada, esa mano, y caído de ella, ese libro querido…)
Elias Canetti, «La lengua absuelta», Muchnik, p.228: «Los libros fueron para mí seres vivos antes de que lo fueran las personas. Su peso, su formato, la manera en que se abrían o se resistían a abrirse, todo eso constituía un lenguaje previo a las palabras. En las librerías experimentaba una excitación física: no sabía qué libro tomar primero, sentía que cada uno exigía ser tocado. Aún hoy no puedo entrar en una biblioteca sin experimentar una especie de temblor; es la presencia concentrada de la mente humana».
