Oceanografía del tedio 12

Antonio J. Durán: «Cauchy. Hijo rebelde de la revolución». La matemática en sus personajes, maravillosa serie de editorial Nivola.

Augustin Cauchy (1789-Agosto-21, 1857-Mayo-23) fue uno de los matemáticos más prolíficos de todos los tiempos, solo superado por Leonhard Euler, Paul Erdős y Arthur Cayley. Su investigación cubre el conjunto de áreas matemáticas de la época. Fue pionero en análisis, donde se le debe la introducción de las funciones holomorfas, los criterios de convergencia de series y las series de potencias. Sus trabajos sobre permutaciones fueron precursores de la teoría de grupos, contribuyendo de manera medular a su desarrollo. En óptica se le atribuyen trabajos sobre la propagación de ondas [Wikipedia]

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«Los hombres pasan pero sus obras quedan».

«No me imagino una vida más plena que una vida dedicada a la Matemática»

–– Augustin Louis CAUCHY.

«Cauchy llegó a ser más conocido que Gauss por los matemáticos de Europa. Sabios y estudiantes acudían a escuchar sus bellas y claras exposiciones de las nuevas teorías que había creado, en particular en el Análisis y en la Física matemática. Entre sus oyentes se encontraban matemáticos bien conocidos de Berlín, Madrid y San Petersburgo», E.T.BELL. “Los grandes matemáticos”, Losada, Buenos Aires, 2009, pág. 321.

«Cauchy era muy distinto a Gauss en un aspecto: tan pronto tenía algo terminado lo enviaba a publicar. Quizá sea esta la razón de que la característica principal de la matemática del siglo XIX, la introducción del rigor, se atribuya más bien a Cauchy que a Gauss. … Cauchy, a quien le gustaba enseñar, tenía mucho más de pedagogo que Gauss, que lo detestaba. …. Cauchy llenaba las páginas del “Journal de la École Polytechnique” y las “Comptes Rendus” de la “Academie des Sciences” de memorias cada vez mas largas. Las había sobre una gran variedad de temas, pero sobre todo acerca de la “Teoría de funciones de variable compleja”, rama de la matemática de la que se considera a Cauchy, desde 1814, como el verdadero fundador», Carl B. BOYER. Historia de la Matemática. Alianza Universidad Textos. Madrid, 1986, pág. 646.

A finales del siglo XVIII el Análisis Matemático atravesaba una crisis de fundamentos. Tras la etapa empírica del Cálculo de Cavalieri, Torricelli, Fermat, Pascal, Roberval, Wallis y Barrow, viene la fase algorítmica de Newton y Leibniz, que crean instrumentos que en manos de los Bernouilli, Euler, Taylor, MacLaurin, D’Alembert, Lagrange, Legendre y otros, amplían considerablemente el acervo matemático del Análisis. Pero los conceptos básicos vinculados al tema infinitesimal seguían siendo oscuros, y los métodos, en particular los aplicados en los desarrollos en serie, utilizados sin apenas precaución, eran muy discutibles desde el punto de vista del rigor. Tras las críticas desde el ámbito matemático, lógico e incluso teológico, ciertos científicos percibían la necesidad de poner un poco de orden y algunos como D’Alembert, Carnot, Lagrange,…, lo intentaron, aunque sin demasiado éxito.

Sería CAUCHY, motivado por su labor docente en la Escuela Politécnica, es decir, espoleado por los aspectos didácticos de su enseñanza, quien reconstruiría todo el edificio del Análisis sobre bases más rigurosas, al definir los conceptos claves con mayor precisión. En efecto, CAUCHY en sus famosas “Leçons donnés à l’École Royal Poytechnique” emprendió una verdadera cruzada para reformular el Análisis bajo el imperativo del rigor que plasmará en su célebre obra “Cours d’Analyse de l’École Royal Poytechnique”, publicada en junio de 1821.

En la Introducción de la obra hay una serie de declaraciones de principios en cuanto al origen y raíz de la misma, los destinatarios, los campos de problemas, los objetivos y los métodos de trabajo del texto. Comienza con estas palabras (pág. ii):

«Algunas personas, que han sabido guiar bien mis primeros pasos en la carrera de las ciencias, y entre las que citaré con reconocimiento a los Sres. Laplace y Poisson, habiendo testimoniado el deseo de verme publicar el “Cours d’Analyse de l’École Royal Poytechnique”, me he decidido a poner este curso por escrito para mayor utilidad de los alumnos.

De él he ofrecido aquí la primera parte conocida bajo el nombre de “Análisis Algebraico”, y en la que trato sucesivamente diversas especies de funciones reales o imaginarias, de series convergentes o divergentes, de la resolución de ecuaciones, y de la descomposición de fracciones racionales. Hablando de la continuidad de funciones, no he podido dispensarme de hacer conocer las propiedades principales de las cantidades infinitamente pequeñas, propiedades que sirven de base al cálculo infinitesimal…».

Continuando con la declaración de principios de la Introducción, CAUCHY escribe (pág. ij):

«En cuanto a los métodos, he buscado darles todo el rigor que se exige en geometría, de forma que no se recurra jamás a las razones extraídas de la generalidad del álgebra [que aplicadas a procesos infinitesimales pretenden inducir verdades] que concuerdan poco con la exactitud tan alabada de las ciencias matemáticas. Es preciso observar, además, que propenden a atribuir a las fórmulas algebraicas una amplitud indefinida, mientras que, en realidad, la mayoría de estas fórmulas subsisten sólo bajo ciertas condiciones y para ciertos valores de las cantidades que contienen. Al determinar estas condiciones y estos valores, y al fijar de forma precisa el significado de las notaciones que utilizo, hago desaparecer toda incertidumbre».

He aquí la proclamación de CAUCHY de una línea programática que está dispuesta a algunas renuncias importantes en aras de cimentar sólidamente los principios del Análisis.

El “Cours d’Analyse” de CAUCHY consta de 576 páginas y se compone de unos preliminares, doce capítulos y nueve notas que en realidad son apéndices.

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Chopin tiene un alma demasiado grande. Auden lo hace todo con el inglés (como Shakespeare) Los aficionados nos sentamos y esperamos nuestra pobre inspiración; los genios simplemente se ponen a trabajar. «La diferencia entre la palabra casi correcta y la palabra correcta es realmente un asunto muy grande; es la diferencia entre la luciérnaga y el relámpago», Mark Twain. Mi palabra es una rata de agua ¡Vivan los genios!

Oceanografía del tedio 11

La American Astronomical Society (AAS) ha abierto el acceso a todos sus «journals», lo que significa que todo su contenido puede ser leído, descargado y compartido libremente:

The Astronomical Journal (AJ)

The Astrophysical Journal (ApJ)

The Astrophysical Journal Letters (ApJL)

The Astrophysical Journal Supplements Series (ApJS)

The Planetary Science Journal (PSJ)

Research Notes of the AAS (RNAAS).

Sociedad Astronómica UADY

NOTA BENE: Internet nos da acceso en abierto, no solo al conocimiento, sino a la inteligencia contenida en los cráneos de las personas, acceso a la inteligencia de las personas a nivel global. Evitemos las tontunas. Si en tu mente entra basura, por tu boca saldrá basura, y a la inversa.

Oceanografía del tedio 10

Pauling descubrió la estructura de la hélice alfa (la forma de enrollamiento secundario de las proteínas) y obtuvo el Premio Nobel de Química en 1954 por su trabajo en el que describía la naturaleza de los enlaces químicos. En 1962 recibió el Premio Nobel de la Paz por su campaña contra las pruebas nucleares terrestres.

La Universidad Estatal de Oregon (OSU) alberga las colecciones especiales y archivos sobre su vida y obra: https://scarc.library.oregonstate.edu/digitalres…/pauling/

Oceanografía del tedio 9

Una vida tranquila y aislada en el campo, con la posibilidad (requisito fuerte y de raíz utópica) de ser útil a quienes no están acostumbrados a que los ayuden; luego un trabajo; hay que levantarse cada mañana con determinación si deseas acostarte con satisfacción ¿Trabajo? ¿Los lirios del campo? ¿La escasez como ideal? Sin ambición, no se empieza nada. Sin trabajo, no se termina nada. El premio no te lo dará el cielo. Debes ganarlo. Recuerden: William James: “La acción puede no siempre traer felicidad, pero no hay felicidad sin acción”. Luego, además de moderada soledad y trabajo, descanso, ahorro, acaso naturaleza, seguramente libros, siempre música, y, sin vacilar, coraje: tal es mi idea de la felicidad.

Oceanografía del tedio 8

Buenos días. Antes -hace siglos- anhelaba muchísimas cosas y me enojaba al no poder tenerlas. Estaba insatisfecho, como un niño demandante y de juicio caprichoso. No me hacía ilusiones, no; ni se limitaban ni menguaban aquellos deseos napoleónicos. Era propenso a la irritación; solía tener ataques de gloria, de grandeza, deliremas de sexo, deseos sexuales mórbidos, capciosos, psicopáticos, orgiásticos, estériles y odiosos.

Porcus
Iste tibi faciet bona Saturnalia porcus,
inter spumantes ilice pastus apros.

Cerdo
Hará que sean buenas tus Saturnales este cerdo,
Alimentado con bellotas entre espumeantes jabalíes.

Marcial, 14, 71 (traducción de Enrique Montero Cartelle)

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Ahora estoy realmente satisfecho; mi medianía es mi medida. Deletreo el libro de la vida con mis verdaderos ojos. Bienvenido sea el elogio de la mesura, la vida sencilla y la felicidad moderada, mediante la renuncia de las riquezas, el poder y el ascenso social. No pocos poetas latinos y filósofos estoicos, hacen una llamada al ansiado y sereno equilibrio. Tan peligroso es para el alma el excesivo sufrimiento, como la entrega temeraria a los placeres. Es por ello que, tanto cuando nuestro mundo se encuentra en un momento de zozobra, como cuando todos los dioses nos sonríen, debemos guardar la calma y la lucidez (Horacio, Oda X)

Dichoso aquél, Horacio,
que huye del mundanal ruido
(y del tráfico
y del smog)
y, lejos de los negocios de la poesía,
se dedica (como aconseja Voltaire)
a cultivar su jardín.
Y a hacer el amor a una mujer callada,
y a desayunar frutas con té de menta,
y a practicar yoga al atardecer,
y a ver, tras la ventana azul,
el mar
que siempre nace
y nunca muere.

Arturo Dávila («Catulinarias», 1998)

[Para Arturo Dávila]

Oceanografía del tedio 7

La lógica elegida, me está saliendo rana. Porque la fórmula me hace libre, me pone alas, falsedades me quita, contundentes verdades me arranca. El clan, la familia, la soledad, la serie de números enteros (si el cero se pone gris, lo pongo verde…y ¡zas! ¡capataz!) Me bastan mis cálculos y pensamientos. Brumosos de rocío, brunos y russellianos, barrancos de conjuntos vacíos. ¡Y capataz: ¡zas!!

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«So long as the sciences are imperfect, the definitions must partake of their imperfection; and if the former are progressive, the latter ought to be so too», John Stuart Mill, «Mientras las ciencias sean imperfectas, las definiciones deben participar de su imperfección; y si las primeras son progresivas, las segundas también deberían serlo».

Definición intuitiva de lógica:

(Def. 1.0) Un enunciado C es consecuencia del conjunto de premisas P1 , … Pn si y sólo si es imposible que las premisas P1,… Pn sean todas verdaderas y la conclusión C no lo sea,

o equivalentemente:

(Def. 1.1) Un enunciado C es consecuencia del conjunto de premisas P, … Pn si y sólo si es necesario que si todas las premisas son verdaderas la conclusión también lo sea.

La definición técnica respeta y matiza el espíritu de estas definiciones intuitivas.

La conclusión, en heraclíteo policromo literaturizado, no puede tener una conducta descabellada, la providencia tiene sumo aprecio por su reputación. Un argumento lógicamente válido es una digna y alabada diligencia de «signora virtuosa». Lustre de fineza de obispo angelado. Una falacia es un gigantesco gusano con patas y enormes ojos, casi un abisal, ingrato monstruo marino.

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En mis libros uso enfoques simplistas para esquemas complejos. Sin pensamiento riguroso ni independencia intelectual. Mis indagaciones son indisciplinadas y deshonestas, ergo, literatura.

La literatura, y lo digo como ex-estudiante de matemáticas, tiene algo de las «Variaciones Geister para piano» de Schumann. Algo enfermo mental, obeso, beso, obseso, «vecchio», occiso, abceso, abcisa. Un si es no es fantasmal, asustado y trastornado. Intenso, concentrado, perdido. Ese país donde la gente llora al copular.

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La literatura es el pecado y la lógica la redención. El flujo lingüístico y el mito adánico de la gramática parda. La lógica, una venerable disciplina con larga tradición, ha presenciado durante el siglo XX su periodo de mayor desarrollo y diversificación. La lógica moderna, a la luz de su crecimiento exponencial, se ha convertido en una gran ciencia. Vive en un espacio curvo, una hiperesfera o un hipertoro. Con una impresión aparente de telépata, como en los sueños. Vive en correcciones cuánticas, y desea convertir el mármol en madera. Las ideas lógicas solo permanecen consistentes en la mente de Dios.

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Hay cosas que advertimos tan solo porque guardan relación con todo.

Oceanografía del tedio 6

La lógica está en todas partes; en las hojas de una planta, en la gramática, en la tipografía de un libro, fresquísima y recién cortada en la ciencia, en los locos («fuzzy logic»), en una caldera, en las fábricas y la contabilidad, en los computadores (son aquí la verde fuerza que impulsa al tallo), en el cuerpo humano y la belleza, en fin, en todas partes, excepto, como sabe cualquier hombre, en la mujer.

Por supuesto que la lógica matemática es accesible en nuestras intuiciones, la verdad y la teoría de la prueba son inconcebibles sin ella, nuestra supervivencia biológica incluso, y nos demuestra cosas que no se pueden demostrar, teoremas de imposibilidad (los hay infinitos -y triviales-), pero es especialmente interesante la imposibilidad de encontrar una solución algorítmica para ciertos problemas (haciendo referencia al teorema DPRM). Hace ya varias décadas que la lógica incluye debates informales sobre lingüística, psicología y filosofía de la ciencia, proporcionando un contexto más amplio para su estudio.

Mi cita favorita sobre la naturaleza de las matemáticas la esgrimió von Neumann: «Joven, en matemáticas no entiendes las cosas, simplemente te acostumbras a ellas». En lógica, a mi juicio de diletante lejano, ocurre lo opuesto.

Hardy le espetó a Russell: «Si pudiera probar con lógica que te vas a morir en cinco minutos, me daría pena que fueras a morir, pero mi pena se vería muy atenuada por el placer de la prueba». Yo tengo miles de pruebas de lo malo que son escritores y lectores, y, francamente queridos, me apenaría morirme los próximos cinco minutos.

Julia Robinson refiriéndose a la semana típica de un matemático:

«Lunes: intenté probar el teorema
Martes: intenté probar el teorema
Miércoles: intenté probar el teorema
Jueves: intenté probar el teorema
Viernes : el teorema es falso».

Semana típica del escritor:

Lunes: escribí cinco páginas.
Martes: corregí las cinco páginas.
Miércoles: corregí las correciones de ayer.
Jueves: soy un genio.
Viernes: ya lo rompí todo.

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¿Por qué la lógica se toma la molestia de existir? Líneas de cúmulos, constelaciones y datos, formas de conceptos matemáticos, para, a la postre, ver lo que corre y triunfa: una alucinación consensuada.

Oceanografía del tedio 5

Recomiendo el muy erudito: «Obra selecta / Antonio de Oliveira, Societatis Jesu, ex provincia Goana et susceptus a Josepho Gonzaga eiusdem Societatis in villa novitiatus Tiburtina, anno salutis 1762»

¿De qué va, qué contiene? «Tractatus logicus sive Philosophia rationalis quatenus Magna seu Major Logica dicitur. Institutiones dialecticae seu Philosophia rationalis quatenus parva seu minor logica dicitur». Es peligroso. Frente a la enfermedad de la lógica (antigua, medieval, renacentista, moderna, contemporánea) hay que tomar precauciones especiales, ya que es una enfermedad peligrosa y contagiosa.

Se abre el corazón del cálculo de secuentes, la verdad brilla entre las deducciones, la verdad las envuelve y transporta, y cada premisa se convierte en un pilar para la siguiente, una aliada en su esfuerzo y un factor clave para alcanzar el objetivo de la demostración. No hay nada sorprendente en esto: las almas (cálculo y calculador) se encienden mutuamente, las mentes (una, ideal y platónica, la otra, empírica y real) las mentes se fecundan mutuamente, las lenguas, el lenguaje natural y el lenguaje simbólico, las lenguas intercambian confidencias; y los misterios de ese teorema, un microcosmos en este macrocosmos, abundan y se extienden y se prueban de modo eterno.

Echen un vistazo a sus libros de Nicolás de Cusa: «Porque incluso quien más ansía conocimiento no puede alcanzar mayor perfección que ser plenamente consciente de su propia ignorancia en su campo en particular. Cuanto más se conozca, más consciente se será de la ignorancia» (En: «La caza de la sabiduría», Sígueme, trad. Mariano Álvarez Gómez, Madrid, pág. 46)

Echen un vistazo a Taqî ad-Dîn Ahmad ibn Taymiyyah, teólogo sirio del siglo XIV: “No dependas demasiado de nadie en este mundo, porque incluso tu propia sombra te abandona cuando estás en la oscuridad” [A menudo pensando te envuelve la niebla de la más densa oscuridad, y es como si picaras una pared que, al día siguiente, continúa exactamente como estaba al principio]

Y lean lógica. «Un nombre bien elegido es un puente entre el conocimiento científico y el sentido común, entre la nueva experiencia y los viejos hábitos. La base conceptual de cualquier ciencia consiste en una compleja red de nombres de cosas, nombres de ideas y nombres de nombres. Evoluciona y su proyección sobre la realidad cambia», Yu. I. Manin, «A Course in Mathematical Logic for Mathematicians», Springer, pág. 337.

Oceanografía del tedio 4

Para que luego digan que las vidas de los matemáticos son aburridas.

Y eso por no citar a John von Neumann, con un montón de manías interesantes. Le encantaba leer libros mientras conducía, y por eso chocaba el coche con frecuencia. Le gustaba trabajar en ambientes ruidosos y caóticos, y lo regañaron por poner música de marchas alemanas a todo volumen en el gramófono de su oficina en Princeton. Su interés casual en la historia bizantina lo llevó a tener un conocimiento que rivalizaba con el de expertos reconocidos.

Leray inventó las secuencias espectrales y desarrolló la teoría de haces como prisionero de guerra en la Segunda Guerra Mundial.

Euler se quedó ciego pero siguió siendo asombrosamente prolífico.

Hurewicz es otro despistado de libro: era famoso por ser tan despistado que acaso murió aposta al tropezar y caerse de una pirámide en México.

Erdős fue uno de los matemáticos más brillantes y prolíficos del siglo XX. También, como documenta Paul Hoffman en su libro «El hombre que solo amaba los números», era un verdadero excéntrico -un “monje matemático” que vivía con dos maletas, vestido con trajes rotos, y regalaba casi todo el dinero que ganaba, quedándose solo lo suficiente para mantener su estilo de vida modesto; un solterón empedernido que era extremadamente (quizás anormalmente) devoto de su madre y nunca aprendió a cocinar ni siquiera a hervir agua para el té; y un fanático adicto al trabajo que rutinariamente trabajaba diecinueve horas al día, durmiendo solo unas pocas horas por noche.

A Erdős le gustaba trabajar en colaboraciones cortas e intensas con otros matemáticos, y cruzaba el mundo buscando nuevos talentos, a menudo acampando en las casas de sus colegas mientras trabajaban juntos en un problema. Un colega así recordó una visita de Erdős de la década de 1970: «… solo necesitaba tres horas de sueño. Se levantaba temprano y escribía cartas, cartas matemáticas. Dormía abajo. La primera vez que se quedó, el reloj estaba mal puesto. Marcaba las 7:00, pero en realidad eran las 4:30 A.M. Pensó que deberíamos estar despiertos trabajando, así que encendió la tele a todo volumen. Más tarde, cuando me conoció mejor, venía a una hora temprana y golpeaba la puerta del dormitorio. “Ralph, ¿existes?” El ritmo era agotador. Quería trabajar de 8:00 A.M. a 1:30 A.M. Claro que hacíamos pausas para comidas cortas, pero escribíamos en servilletas y hablábamos de matemáticas todo el tiempo. Se quedaba una o dos semanas y uno colapsaba al final».

Erdős le debía su fenomenal resistencia a las anfetaminas -tomaba de diez a veinte miligramos de Benzedrina o Ritalin diariamente. Preocupado por su consumo de drogas, un amigo una vez apostó con Erdős que no sería capaz de dejar las anfetaminas durante un mes. Erdős aceptó la apuesta y logró dejarlas en seco durante treinta días. Cuando fue a cobrar su dinero, le dijo a su amigo: “Me has demostrado que no soy un adicto. Pero no hice ningún trabajo. Me levantaba por la mañana y miraba un papel en blanco. No tenía ideas, como una persona normal. Has retrasado las matemáticas un mes.” Después de la apuesta, Erdős reanudó inmediatamente su hábito de las anfetaminas, que complementó con tragos de café expreso fuerte y pastillas de cafeína. “Un matemático”, le gustaba decir, “es una máquina para convertir café en teoremas.”

Sophie Germain se inventó una identidad falsa (masculina) para poder estudiar matemáticas.

Sophus Lie, un matemático noruego al que le encantaba el senderismo, fue arrestado por caminar por Alemania durante la guerra franco-prusiana por ser un espía. Stephen Smale, un estadounidense, dio una conferencia de prensa en las escalinatas del Kremlin durante la guerra de Vietnam donde les reclamó a ambos gobiernos, el estadounidense y el ruso, una paz mundial. Ah, y Pitágoras, que estaba a cargo de una secta que creía que las habas eran el alimento perfecto y puede (si non é vero…) que haya matado a un hombre por demostrar que la raíz cuadrada de 2 era irracional.

Y creo que Lie incluso hacía senderismo desnudo, en invierno. Y cuando encontraron sus papeles pensaron que era un código secreto. Él les dijo que eran matemáticas y ellos le preguntaron «¡bueno, si son matemáticas, explícanoslo!», y él respondió: «Señores, nunca podría, en todas las edades del universo, explicarles esto».

Y, si mal no recuerdo, Lefschetz perdió las dos manos en un accidente.

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La palabra “matemáticas” sólo aparece en una obra de Shakespeare: “La fierecilla domada».

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Si barajas una baraja de cartas correctamente, es más que probable que el orden exacto de las cartas que obtengas nunca se haya visto antes en toda la historia del universo.

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40 °C es igual a -40 °F.

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Ante las barreras de género en Rusia, Sofia Kovalévskaya contrajo un «matrimonio ficticio» para estudiar en el extranjero y finalmente se convirtió en la primera mujer en obtener un doctorado en matemáticas y la primera mujer en ocupar un puesto académico oficial en Europa.