
Educación moderna: lograr los objetivos con el menor esfuerzo posible. Desprestigio de la memoria y la memorización. Falta de autoridad de los maestros y de los padres. Victimización a todo (el sistema, los deberes, el profe «hueso», el aburrimiento) menos a uno mismo, como una exculpación automática y universal de uno mismo. Darles plastilina y que se expresen (la neopedagogía) o talleres de masturbación si ya crían pelo en las axilas. Enseñarles con tablets y gráficos electrónicos.
Conclusión: generación del botellón, de un orbe de pasotas y del molesto paro. Así sale la Generación Rufián y no la Generación Mozart o con Mozarts.
