Palomitas

Me encanta esta observación de Wilde sobre George Meredith: “Como escritor es un maestro consumado en todo menos en el lenguaje: como novelista puede hacer cualquier cosa menos contar una historia: como artista puede ser todo menos articulado”. Leyendo mucha novela de mis coetáneos, diría que su principal carencia es copiar un modelo de prosa periodístico, nada dinámico, legible, podado, mineral, homogéneo, monótono, común. Es una prosa que sirve eficazmente para vender, pero da una impresión de rudimentos u obrador muy elementales. Sin cabrilleo ni estremecimiento, de tono apagado, mate. Sin ese efecto poético singular de la precisión irónica. Sin el cosquilleo del pensamiento encima o la emoción debajo. Abunda así la prosa unicelular. Semillas que nutren plantas raquíticas y monocolores, anabolizantes artificiales que provocan una musculación fofa. Este modelo de prosa pobre es el equivalente o el paralelo a la globalización económica y cultural. Parecería que debemos escribir todos como quien devora palomitas.

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