Pasada la medianoche

PASADA LA MEDIANOCHE
De “El falso aristócrata”
Zopenco hombre baboso es mi alma.
Jauría de chaparrón hueco.
Gabinete como la panza desventrada de un ganso gordo.
Gris estruendo de crepúsculo yermo.
Pero, a veces, pasada la medianoche,
atiendo a mi mente que anhela lo alto
y que se alimenta de compacta soledad,
y que se abastece de hermosa soledad sincera,
y, como tallada de un delfinario dorado,
el alma entonces a la noche se une
con una perfecta música
de bóveda oxigenada bajo la luna perpetua.

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