Intelectuales y humanistas

Aunque desde un punto de vista estricto sería forzoso llamarme impostor, y pese a que uno de los motores de mi vida es el «studium generalis», tengo tantas lagunas que solo soy un despreciable intelectual. Si el coronavirus no me mata, mi pío deseo es convertirme en un humanista, y , si llego a anciano, en un poeta humanista. Atenas, Jerusalén, Roma, Florencia, como amalgama simbólica de civilización o destino. El espíritu de Atenas, la abstracción de Jerusalén, la experiencia de Roma, la belleza de Florencia, en el quintal de un poema. Píos -y temo- imposibles deseos.

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