De lo moderno, lo antiguo y el arcón del cielo, o lírica del pato mareado

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De lo moderno, lo antiguo y el arcón del cielo, o lírica del pato mareado
De “El falso aristócrata”
(I)
El Orden que deseo conspira a favor del cielo estrellado
y deniega el Fu-Man-Chú de ese vegetar frente a la Playstation,
y se burla de la avasalladora recepción pública de poetas deshuesados,
o contra ese prodigioso marketing estulto que pretende
que poesía para todos es poesía escrita por todos.
En mi Orden no existe el rostro abotargado del útil,
ni el tufo ideológico estéril de las mentes bulldozer,
ni el pelafustán superferolítico que lo sabe casi todo de casi nada,
no hay el ectoplasma de esta economía gnóstica,
ni mash-up, o Netflix, u orangutanes putrefactos
a horcajadas defecando en el ultramundo digital.
Dentro de poco se diseñarán los libros basándose en un análisis
de la minería de datos que proporcionan las redes sociales.
Y todos zotes sin sentimientos delicados, complejos o matizados.
Y todos zotes vegetarianos creyentes en Sagitario.
Y todos zotes sin vida privada y con la metáfora del videojuego
incrustada en el cerebro.
Si uno descree de las líneas acelerándose,
de esta osamenta que cruje y rompe dientes,
y se reclina ante la fascinante capacidad de la lentitud
y la energía del silencio, si apela a frases de muchas oraciones
y en su credo hay voluntad de lucidez,
dudo que cambiando los instrumentos de la gente
insensiblemente se les cambie su mundo.
En el ultramundo digital la experiencia es una sustancia
cual desaguadero o cauce al majestuosa Vacío.
No hay a lo largo del océano otro peso más ominoso;
sobre los guijos de esa playa no tenderé la toalla.
(II)
Signo, reafirmo y enfatizo los enjundiosos matorrales de mis estrellas, las convicciones de un Orden que glorian la auctoritas como ese incremento paulatino de los fundamentos (la conversación culta de la civilización), ese poso o savia de lo mejor.
Mis estrellas son las palabras en un arcón (guantes blancos, sombreros, monóculos, templos, euritmia clásica), siglos que nunca se disolverán en ceniza, tranquilos pájaros dentro de zepelines de hielo, imágenes de mujeres enfulgidas y bailando con fulares, lunas de pueblo con mar donde ronronea una lluvia sin edad, y el poeta es hijo de himnos para un Dios noble. La poesía aquí no es necedad, daño ni mengua; un psalmo marino incesante cobijado bajo palmeras. Signo, reafirmo y enfatizo, amor mío, la jaula hermosa de tu cuerpo que encierra un alma aún más hermosa, el cielo de tu piel emboscado en telarañas, los gritos de éxtasis, las lenguas mordidas, el testimonio con que te esposas a la tierra, el agua, el aire y el fuego. Tus lunares son sombra de películas mudas. Tus tobillos capiteles de dibujos animados. La atracción gravitatoria del Amor hace sangrar hasta a las luciérnagas. Debo a la literatura la educación permanente de mi razón así como percibir sus limitaciones al verse sobrepasadas sus capacidades. Debo a la poesía argumentos empáticos y peligros peculiares. A veces las sibilas tienen vestigios de piedad y se es feliz. Debo a las letras un carácter pacífico y bondadoso como un bonobo hippy columpiándose entre los árboles. El Youtube para niños es una industria enorme, adictiva, lucrativa; mercados opacos y tremendamente acelerados del capital moderno; algoritmos que enconan la catástrofe futura: la fruta que no madura no se sublima en la melosidad de una compota. Se les niega la verdad e incluso el ideal de verdad, se les niega la visión senequista de una vaca paciendo en el prado. Que otro Orden ocupe el mundo. Que los imbéciles no amurallen más su Orden.
Me acojo a mi anhelado empíreo con los ojos encendidos.
Al joven perfil del trigo y la mar.
A las estrellas parteras de bosques.
No hay a lo largo de la hierba otro peso más dulce.

2 comentarios sobre “De lo moderno, lo antiguo y el arcón del cielo, o lírica del pato mareado

    1. Gracias, muy amable. De veras. Uno es un tecnolerdo y solitario papanatas, pero que adolece de la compulsión de escribir. Suelto estas cosas al ciberespacio como a un gran vacío, y se agradecen los comentarios elogiosos, mucho (en verdad) se agradecen. Soy un escritor perfeccionista en grado sumo e inseguro. Considero todo lo que escribo (de modo público o privado) como meros borradores. Ars longa vita brevis…

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