
Lo que halla mi alegría o mi melancolía
lo disfruto o padezco a solas, en completa soledad,
ya que, misántropo contumaz, solo poseo bienes privados.
Nada sé de la luz; mis brillos crían estelas interiores.
Cadenas de diamantes o cuevas con tinieblas…
La innumerable multitud es un yugo que no me ata,
la pasión por el sexo un despojo o carroña de frío alpino,
la amistad una ciencia o alimento que ignoro.
Descienda mi inteligencia al embrión solitario
de las nubes benignas y los densos bosques de eucaliptos,
vivan en mí dimensiones de San Antonio, San Palemón, San Pacomio
pero no me salpiquéis más de gusanos con vuestra atroz compañía.
