Televisión y basura

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Photo by Tim Mossholder on Pexels.com

Observo con pesar y tristeza cómo la antigua ansia de respetabilidad ha desaparecido de la televisión y la prensa. Especialmente de la televisión. La omnipresente crónica rosa o negra y el machacón deporte son un sucedáneo elemental y muy rudimentario, escandaloso y morboso, de la información. Unos programas que, no nos engañemos, son importantes porque interesan a casi todo el mundo (la chusma o gentuza en que se convirtió el pueblo) y que ocupan un tiempo -en televisión el tiempo es oro- que podría emplearse en hablar de otra cosa (dilucidación política seria y no espectacularizada, divulgación literaria y humanística o científica, películas artísticas, reportajes o documentales de calidad, debates entre contrincantes inteligentes y cultos y educados) Pero la televisión se ocupa de cosas fútiles e inanes para ocultar cosas valiosas e importantes. Muchísima gente tiene la mente deformada y acanallada debido a la vacuidad de la tele ( es su única fuente de información y entretenimiento) En España abunda la televisión-basura (magazines de crónica negra, chismes rosas, brutalidad futbolística) porque somos un pueblo-basura. A las ovejitas gregarias y analfabetas se las ha dicho “bravo, sois el pueblo, la savia de la nación, los nervios de la monarquía, la noble sal de la  bendita democracia -que es una demogresca o mesocracia vil-; hurra sois el pueblo, la sal de la demagogia, por lo que tenéis derecho a TODO”; pero se les ha silenciado -y ellos con su incontrovertible minoría de edad no lo advierten- se les ha silenciado que ese derecho a TODO se reduce únicamente en derecho a lo PEOR; televisión-basura, sexo-basura, amor-basura, viajes-basura, diversión-basura, parodia de una cultura que no es para nada cultura, o sea, cultura también basura. Al Poder y a los gerifaltes de la televisión no les interesa la ilustración de su audiencia. Ni los valores que sirven para construir una sociedad mejor o políticamente soberana. Solo les interesa una cosa: si el público ve su programa. Esa es su definición o criterio de bueno y su definición o criterio de malo. Si “Sálvame” tiene mucha audiencia, es que sin lugar a dudas, y negarlo es de sandios, es BUENO. Cito a Pío XII “¿Acaso podemos no horrorizarnos ante la posibilidad de que la televisión lleve a nuestros hogares la misma atmósfera emponzoñada de materialismo, salvajismo y hedonismo que envuelve al público en tantos y tantos cines?” Grande el pontífice. Hoy esa atmósfera de degradación reina doquier. Cicerón escribió “Omnia plaeclara rara”, toda excelencia es rara; si el orador latino viviera esta época alucinaría con la basura universal anegándolo todo. Ya no es que se distinga la basura de la calidad, es que se toma la basura por genuina calidad. Alfalfa, detritus y sucio légamo radian y emiten los canales de televisión o se lee en las redes sociales. Añoro el fulgor de la sabiduría ante tanto malsín infame. El pueblo es ya descerebrado populacho. Beoda gentuza. Dudo que mienta.

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