La necesidad de otro lugar

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Necesito comunicar que no deseo comunicar.

Avalan mi existencia Puerto Urraco y un serial killer.

Escucho la Cadena Dial: Huya de mi Oído ese Grosero tan Entero.

Plinio el Viejo declaró que no hay vagina mala que no tenga algo bueno.

Dar con la Virgen en un night-club.

Pegotes de carmín en la servilleta barata.

El seco y desabrido goteo de la noche.

Escuálidas y taciturnas muchachas gritan medio desnudas.

Festivos obreros trabajan con tenacidad.

Talibanes juegan al fútbol con una cabeza humana.

Un pegajoso calor hace vacilar al camionero.

Con un suave “psst” el burgués se dirige al camarero.

Ella, tras sopesarlo, ya se considera madura adúltera.

El sacerdote empolla un hostia con su mano.

Ya coronó himeneo de tus deseos el ardor sublime.

Escenas de la vida cotidiana congregadas en este funesto anfiteatro nuestro.

La vida es un ballet incesante de borrachines, madres dementes y haraganes.

Solo en el pesimismo extremo sé vivir, ser feliz y estar solo.

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