Diario

Escribo porque creo que va a interesarte lo mal que escribo.

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Educación moderna: lograr los objetivos con el menor esfuerzo posible. Desprestigio de la memoria y la memorización. Falta de autoridad de los maestros y de los padres. Victimización a todo (el sistema, los deberes, el profe «hueso», el aburrimiento) menos a uno mismo, como una exculpación automática y universal de uno mismo. Darles plastelina y que se expresen (la neopedagogía) o talleres de masturbación si ya crían pelo en las axilas. Enseñarles con tablets y gráficos electrónicos.

Conclusión: generación del botellón, de un orbe de pasotas y del molesto paro. Así sale la Generación Rufián y no la Generación Mozart o con Mozarts.

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Muchos me felicitaron por mi cumple. Gracias. De veras. Caen 50, ugs. Cito a Horacio (Odas, II.IV.22):

Fuge suspicari,

Cujus heu dunum trepidavit aetas,

Claudere lustrum.

«No temas nada de un hombre que cumple, ¡por desgracia!, su décimo lustro». Nada que temer y todo que agradecer. Para hermosear este aciago día copio íntegro el poema de Borges «A quien está leyéndome», numen y cifra que cada día comprendo más:

Eres invulnerable. ¿No te han dado

los númenes que rigen tu destino

certidumbre de polvo? ¿No es acaso

tu irreversible tiempo el de aquel río

en cuyo espejo vio Heráclito el símbolo

de su fugacidad? Te espera el mármol

que no leerás. En él ya están escritos

la fecha, la ciudad, y el epitafio.

Sueños del tiempo son también los otros,

no firme bronce ni acendrado oro;

el universo es, como tú, Proteo.

Sombra, irás a la sombra que te aguarda

fatal en el confín de tu jornada;

piensa que de algún modo ya estás muerto.

Bonito y sabio epitafio que nos define. El río de Heráclito nos desgasta, incesante. Un beso y abrazo muy cariñoso a todos.

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¿Hay algún hecho que no sea mero?

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En Grecia había una diosa llamada «Hibris» que personificaba el exceso, la insolencia y falta de moderación en el instinto. Ése es el pecado del capitalismo, un capitalismo que tiene pavor al vacío y todo lo ocupa. Incluso el «anticapitalismo» se expresa a través del medio capitalista. Como un gas caliente, como una partícula en un acelerador, como una turbina hidroeléctrica, es imposible escapar a su influjo y velocidad exponencial. Traspasó todos los límites imaginables. Es (a qué dudarlo) la novísima teología, las Nuevas Escrituras. Reformulando una falsa atribución a Eurípides «Aquel a quien el capitalismo desea destruir, primero lo vuelve loco». El capitalismo nos condena, nos arrastra con su «hibris». Nos devora y envuelve. Y no soporta nuestro desdén.

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MAQUINITAS

Heidegger, un filósofo con muchas ideas pero con la peculiaridad de expresarlas como un orate escribiendo con la pluma trucada y algo borracha, hormigueando oscuridad, conoció no mucho más que el frigorífico, la tostadora, y la lavadora. Pero, listo que era, advirtió que se debía afrontar meditativamente aquello indistinto y conformador de nuestra época: la tecnología (él empleaba la palabra «técnica»)

¿Puede darse por concluido el humanismo? ¿Nos hemos convertido en simples funcionarios en un sistema?¿puede mutar nuestra naturaleza con el envolvente, omnipresente, múltiple e íntimo contacto con las «maquinitas»?¿pasará el hombre de ser «maître et possesseur de la Nature» a ser poseído y formateado por los usos y maneras del software?

El filósofo G. Anders escribió al piloto que lanzó la bomba atómica sobre cuál fue su motivación. Éste contestó: «Nada, fue mi trabajo». La ética tayloriana, de eficiencia impersonal, asusta en la respuesta. No preguntemos qué podemos hacer nosotros con la tecnología sino qué puede hacer de nosotros la tecnología. La transformación o tecnificación universal no necesariamente debe ser un camino de rosas, la digitalización como imperativo ineludible no siempre es la mejor opción. Vivimos un colonialismo tecnológico, estamos inmersos en ese ambiente o humus, y eso no por fuerza es algo paradisíaco.

Si cedemos nuestros sentidos y sistema nervioso, ¿dónde queda nuestra soberanía? Si los mass media nos ofrecen planetariamente el mismo mundo y las mismas palabras para describirlo ¿qué margen o lugar tiene el arte, la literatura? Hoy un alfarero -si es que quedan- habla como un médico, un agricultor como un comerciante, un profesor casi como un alumno, ¿no es perder mucho la extinción de lenguajes particulares por una especie de pseudolenguaje periodístico universal?¿no es triste que a todos nos metan dentro las mismas cosas creándose hombres en serie, como manufacturados?¿no debemos resistir esa uniformidad u homologación?¿es lo mismo consumir experiencias que tener experiencias?

Leí un libro de un neurólogo alemán llamado Demencia digital. ¿No es patológico vivir como eremitas frente a la pantalla, o nuestro uso del teléfono móvil o Internet?¿perderemos algo esencial en la capacidad de adquirir experiencia?

Recuerdo un cuento del escritor catalán Quim Monzó donde una mujer añoraba los tiempos de la televisión en que se reunían a la mesa a comentar el telediario. Con los ordenadores sus hijos se encierran en el cuarto e, incluso esa pequeña comunicación, ha sido eliminada. El cuento es lúcido e irónico. La denostada televisión un bien infalible frente al organum diabolicum de la conexión a Internet.

En este escrito las preguntas son todas retóricas, empleo una estrategia lingüística para persuadir en determinada dirección. No me gustan los gurús informáticos que todo lo pintan de rosa. No todo siempre va a mejor, ni en ningún está escrito que el futuro sea el mejor de los mundos posibles, pese a la propaganda o publicidad que se empecina en negarlo.

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