
¿De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar
ciudad por aldea, tomar criada, que te acompañen
los lobos últimos de la noche, gastar pecunio
en amor mercenario, comprar lujosos libros, escribir
sin ton ni son, si vienes luego tú, piltrafilla,
a cumplir años y a desbarrar con la memoria?
Sin amigos, sin novia, sin amor, solitario como una
tenia en el estómago, enfermo y loco, melancólico,
al que Fortuna hiere, todos le llamamos simplón
desgraciado. Pero tu alma tejida de barro aún brilla;
¿inmorales los que hacen de la vida un crimen?
¿Gané la cumbre? ¿avisté la lumbre? ¿De qué sirve
cumplir años, apaciguarte con la música,
ver los ángeles del eco, la fila de cirios apagados…
si los espejos te devuelven tu monstruosa imagen?
Vivir, mosca y plata, es una forma de villanía.
Vivir, polvo y moscas, es una elegía a la agonía.
Vivir -bruta esencia- es una manía sin cómplice ironía.
