Diario

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Gangrenados de barbarie, presuntuosos montados en la leprosa rutina común, pasmosos hombres y mujeres de harmonios agrietados; sé que me despreciáis.

La chusma vomita su bilis y la llama «opinión».

Creo con convicción de teorema matemático que el populacho, la chusma, el rebaño, siempre será despreciable.

Precisamente yo NO soy el que merece vuestro desprecio.

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