Diario de un esquizofrénico XXVII

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Pestañean las luces de Navidad. Ristras de nubes desengañadas y negras de agua encima de la aldea. El invierno pósase como un capuchón frío en la cabeza, las piedras de la iglesia se adensan de niebla, un soldado romano ve pasar al emperador por la Vía Apia.

Sin estupor imaginativo escribió Gómez Dávila: «Al despojarse de la túnica cristiana y de la toga clásica, no queda del europeo sino un bárbaro pálido» ¿Lo sabe mi vecina que cuida a la yegua? ¿quedan rescoldos de eso en el páramo feudal de Nogueira?

***

Leyendo el Livro do desassossego adviertes de un mundo de cultura y percepción con otras asociaciones, muy lejos del nuestro, de un pensamiento renuente a las convenciones de la realidad, del fluir, más  que de una conciencia de las sensaciones, de las mismas sensaciones ralas, de una desafección absoluta al tópico y los bienes rutinarios, de una imponente mansión de limusinas de la mente, de una dirección de mente particular e intransferible, de una soledad que gobierna regia la existencia, de una conducta terrestre hilada a los cielos (valga la imagen)

Bernardo Soares, el heterónimo pessoano, el redactor de los fragmentos del diario, el contable chato, pero a la vez homérico, es un mundo, crea un mundo, y transcribe un mundo.

Preeminente y con aureola de tela medieval, el protagonista del Libro del desasosiego es muchos personajes y nadie, la Multitud y el Único, una hoja de un árbol de la ciencia jesuita o un papel de Doellinger contra la infalibilidad papal.

Los genios son difíciles de asimilar, repitió asiduamente Bloom.

¿Quién es Pessoa? ¿Existía, entre la multiplicidad de sus yoes, también un yo compacto? Los escolásticos, en la discusión sobre los universales, discutían si la sustancia X era solo la suma de propiedades p1, p2, p3, …. pn, o bien, si, bajo el sumatorio de esas propiedades, TAMBIÉN existía la sustancia X. El oro tiene un determinado color, maleabilidad, masa atómica, punto de ebullición ETCÉTERA, pero ¿además, si ninguna de esas propiedades está presente, también existe el oro?

¿Quién es Pessoa? ¿Componía Pessoa los heterónimos contra su voluntad? ¿Quién fue Pessoa?  

Eu VEJO diante de min, no espaço incolor mas real do sonho, as caras, os gestos de Caeiro, Ricardo Reis e Álvaro de Campos

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Frente a esta acorazada muralla cognitiva, frente a este detalle de espíritu, Fredéric Martel en su reportaje sociológico y periodístico de la cultura planetaria, globalizada y universal venidera (Cultura mainstream, se titula proverbialmente el libro), dibuja como embuten a las masas una serie de contenidos culturales simplones, zafios, de usar y tirar (así los juzgo yo, no Martel), desligados de la trascendencia, que troquelan e imponen una serie de valores apuntando a lo barato, al chicle fácilmente masticable, a lo general buido, a lo melodramático y artificial, al ketchup y las palomitas.

El autor no ve con malos ojos esta invasión de Shakiras, videojuegos, latin pop, J-pop, y Hollywood en vena, todo por lo civil o por lo criminal. El capitalismo generó formas de consumo de ocio, y el libro de Martel es la constatación que la Alta Cultura está en trances de desaparecer, si no ha desaparecido ya.

El hombre ocioso acepta la industria de las manufacturas. El poder de la sociedad y el consumo destruyen el sueño de la Alta Cultura. La vida real es indistinguible de una serie de Netflix. Lo formulario acaba con lo genuino, el lenguaje enlatado con el lenguaje creador, se evocan las mismas emociones como con un plan preconcebido, la estructura de acertijos es problemática y se prefieren los planos obvios, la crítica se amolda a los tiempos y enjuicia o destaca los paralelos entre Eddie Guest y Eliot, omitiendo sus diferencias, el dinero crea el gusto y el gusto crea el dinero, ETCÉTERA

Todo lo que no sea arte medio es arte esotérico. Todo lo que sea arte bajo es arte valioso. Multitud de ilustres pensadores defendieron o defienden la cultura de masas. Yo no soy ni ilustre ni pensador.

Bernardo Soares queda arrinconado en las estanterías mohosas de la historia, y relucen ahora nuevos bibelots como Piratas del Caribe, Eurodisney, o los talk-shows de Al Yazira o la CBS.

Pessoa es denso, no es entretenido como El Código da Vinci, no es comprimible en un tuit. ¿Dejará la cultura de contar con los Tolstoi, Homero, Cervantes, Quevedo, Cernuda, Proust, Kafka y todos sus pares? Para millones de personas eso solo son sombras, nombres, o más bien nada. Claro que el mismo fenómeno sucedió igual a lo largo de la historia. El analfabetismo en España en 1900 superaba el 50% de la población. Pero la educación universal y gratuita nos convirtió, no en seres más doctos, sino en sosias de Jorge Javier Vázquez.

Un pasado (para una élite minoritaria) sin promesa de futuro (para una abrumadora mayoría; siempre quedarán islotes de resistencia pessoanos en cualquier época futura)

Contraponer el hoy de Martel con el ayer -cercano- de Pessoa produce escalofríos. Los tentáculos de la Bestia son sólidos y se presume que imperecederos. La mediocridad genera mediocridad y almas mediocres. La mediocridad tocando el espíritu es como un arroyo sucio sin ninfas ni trasgos, solo plásticos, botellas de Coca-Cola y canciones de la Cadena Dial. Angelina Jolie y Superman bajaron de su peana a Bach, Venus y Zeus.

Cualquier tiempo pasado fue mejor.

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