Apocalypse

Contra la traidora mente de un estúpido hasta Cristo lucha en vano. Son tontos todos lo que lo parecen, y no menos la mitad de los que no lo parecen. Lo primero se predica de Sánchez, lo segundo de sus votantes.

Aplauden los tertulianos chupacirios: en toda ovación hay claque.

¿Sociedad igualitaria, dicen? Todo el mundo tendría lo mismo, porque nadie tendría nada.

Sánchez tiene unas capacidades tan bajas como alta es su capacidad para sobrevalorarlas (ojalá llegue a la inteligencia que nunca aparenta).

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«Yo odio la chusma irreverente y la mantengo alejada de mí«, Horacio.

«Solo la mediocridad es socialmente plausible«, J. Pla.

El papanatismo, la oclocracia y la vulgaridad zafia son ya tan grandes, que dentro de poco las personas inteligentes y cultas tendrá miedo a opinar o razonar por no enfadar a los tantísimos necios”, L. A. de Villena.

Mi oración: Señor, frente a la ira del resentimiento, a la turbamulta del resquemor, al duro atropello brusco de la animosidad, dame la benignidad, la benevolencia y la indulgencia. Que mi corazón sea custodio de la magnanimidad, la nobleza, la generosidad y la liberalidad. Pero todavía no.

De en lo que se ha convertido la vida, pensar en lo que éramos, lo que de verdad somos, lo que éramos capaces de crear, y nuestros límites… sin duda me siento muy extraño. Es más, creo que cuanta más distancia haya entre nuestro pensamiento y la atrocidad que hoy se proclama Cultura, es la mejor muestra de salud mental y moral, y de defensa de la verdadera Libertad” J.M. Álvarez

En 1984 Winston describe así la sordidez de la comida en las cantinas: “…una sala de bajo techo, llena de gente, con las paredes sucias por el contacto de innumerables cuerpos; mesas y sillas de metal estropeadas, colocadas tan juntas entre sí que uno tenía que sentarse tocándose los codos; cucharas torcidas, bandejas abolladas, bastos cubiletes blancos; todas las superficies grasientas, sucias en todas sus grietas; y un olor amargo, mezcla de mala ginebra y mal café y de puchero metálico y vestidos sucios. Continuamente había en el estómago y en la piel de uno una especie de protesta, el sentimiento de que a uno se le había estafado algo a lo que se tenía derecho”. Si queda alguna esperanza, no está en la plebe. Los españoles son examinandos charlatanes en materias que no requieren un conocimiento exacto; no les tocan los rigores de la abstracción; granito disuelto –con efectos desastrosos- se empasta a su encéfalo. Insolentes e ignaros son presa fácil del primer demagogo o aventurero político que se toma la molestia de explotar su ignorancia, credulidad y aldeanismo.

Vienen días oscuros y tristes. El halcón ya no puede oír al halconero. Las cosas caen a pedazos. El centro no puede sostenerse. La incultura atroz se desparrama: “los mejores carecen de toda convicción, mientras que los peores están llenos de fuerza pasional”. Somos mascotas domésticas comiendo el pienso del Poder.

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No podemos decir lo que Shelley en Queen Mab:

Estos desiertos de arena inmensurable,

cuyos ardores reunidos por los siglos apenas permitían

vivir a un pájaro, brotar a una hoja de hierba…,

ahora rebosan de brillantes riachuelos y de umbrosos bosques.

Se aproxima el último hombre. Nos amoldamos más (describe mejor el ahora mismo), Byron en Darkness (1816):

El mundo estaba vacío,

lo poblado y poderoso era un montón,

sin estaciones, sin hierba, sin árboles, sin hombres, sin vida;

un montón de muerte, un caos de puro barro.

Thomas Campbell escribió un poema con este título en 1823. Empírico retrato de nuestro siglo:

¡El ojo del sol tenía un brillo enfermizo;

la Tierra, anciana, estaba pálida;

los esqueletos de las naciones estaban

alrededor de aquel hombre solitario!

¡Algunos habían expirado en la lucha,

en plagas y hambrunas otros!

En las ciudades no había sonidos ni pasos,

los barcos iban a la deriva con los muertos

hasta las costas donde todo estaba mudo.

Señor de los Cielos y los Infiernos, líbrame de vivir el futuro con analfabetos ricos corporativos, cantores y cómicos de la televisión y las redes, o políticos victoriosos de mente nula. Y líbrame de mis semejantes.


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