Diario del zalapastrán 1

Evidentemente la posteridad me ignorará con ancha pachorra. Si alguien escribe sobre mí, poco diferente (y verdadero) será de esto:

«Vulgar cabra montesa saltando que se creía un genio. Leerlo era como un insistente malestar de vejiga. Un enano Claudel pueblerino y latero. Analfabeto seguro de sí mismo. Escritura, más que de impostura, de impostor. Se creía culto o muy culto y no iba más allá de las cartas comerciales del vecino sonriente y chupatintas. Absurdo e insignificante. Amontonaba citas en contra de la propiedad y limpieza de la lengua. Hacía poemas sin idea ni asunto, como manchitas de color cayendo al azar en un lienzo. Vanidoso sin astucia e hinchado. Loco de atar. Cambiaba toda la obra de Christian por una página de Corín Tellado».

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El capitán Alfred Dreyfus fue degradado y condenado a deportación perpetua a Guyana, acusado de haber transmitido documentos secretos a Alemania. Todo fue una vil paranoia antisemita.

A mí, Christian Sanz, España me humilla, apalea, vilipendia, ningunea, insulta, denigra, desprestigia, mancilla, denosta, infama, deshonra, ensaña, injuria, menosprecia, insulta. Nadie me defiende, más aún, todos se alegran, jocosos y dentudos.

Me llaman hijo de mil perras, conde Don Julián, Antonio Pérez, Pau Claris, Godoy, Fernando VII. Me llaman por teléfono y solo me dicen pedazo de «zunga», desastrado «garbimba», patético «cachón», repulsivo «sapo», y «tolleito», o «barallocas», o «garatuxeiro», o «zalapastrán». Camino por la calle y se dirigen a mí con las palabras «chalado», «majareta», «tronado», «chaveta», «zumbado», «atarantado», sin el mínimo decoro o simpatía moral.

Ruego que si lee este post algún miembro de la embajada de Israel o Francia me permitan exiliarme a su país. Vivir en España cada vez se me hace más infiernal.

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El miércoles, AFORTUNADAMENTE, me ingreso en el manicomio orensano de Piñor.

Lejos, por tanto, de los españoles, esos tontucios, babiecas, zambombos, ciruelos, maxmordones, marmolillos, zamacucos, zampatortas, bozales, tolondros, bausanes, zolochos, bonotes, o, sin tanto cultismo, imbéciles de remate, imbéciles en todas las direcciones (tipos subyugados por los burpees y la televisión)

Lejos, por tanto, de la literatura vomitiva española, de las gracietas de sus escritores. Esa literatura barata, artificial, banal, insípida, pomposa, de oropel, de pacotilla. Esa literatura -incautos, ignaros lectores- que se considera que pertenece, sin gramo de razón, al nivel más elevado del arte, del pensamiento o de la emoción. Libros de esa clase que se reseñan de una manera tan kitsch en los suplementos literarios de los periódicos o en los blogs, los best-sellers, las novelas «emocionantes, profundas y hermosas» falsamente importantes, falsamente bellas, inteligentes, seductoras…en el reino de la mierda , no es el libro el que «alcanza el triunfo», sino «el público de lectores que se lo traga todo, la tira publicitaria y todo lo demás.

Nota bene:

(i) Nunca compré ni uno solo de los bodrios de libros que publicitáis por aquí.

(ii) Espero no salir nunca del manicomio.

(iii) Bueno, tampoco hay que jugar a falso maldito. Sí que os leo, y mucho (vosotros a mí nada, pero, como decía Marco Aurelio, no hay que conducirse como tus enemigos) Estoy a punto de acabar «Astaroth» y «Reino vegetal». Y tengo en la recámara «Experto en silencios», «Bajamares» y el ensayo «La trinchera de letras». En líneas generales es una literatura muy digna, muy potable, a veces inusitadamente buena. Y de poesía compro muchísimos, cuyos nombres fuera vano nombrar. Mi escuela de letras fue Facebook, así que no os extrañe el fiel seguimiento. Lo que no soy es generoso a la hora de reseñar, pues vosotros no lo hacéis -ni borrachos- conmigo.

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No soy ganado egoísta y plebe.

El español tiene una contextura informe, movediza, plástica e inconsistente. Cuando se presenta la ocasión de hacer alguna bajeza, rara vez la desperdician. Su docilidad plebeya es mítica.

«Español» significa hoy aquel individuo para quien la vulgaridad moderna no está triunfando con suficiente rapidez. Depósito de inmundincias su cerebro.

Quiere exiliarme en Francia alegando invivible catetez española.

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Ante la mascarada olímpica me sumo a las impresiones de Alain Finkielkraut: «Je suis très impressionné par la cérémonie d’ouverture des Jeux Olympiques. Il ne me paraissait pas possible, en effet, de faire pire c’est-à-dire, à la fois, plus obscène et plus conformiste, que l’Eurovision. Je me trompais : impossible n’est pas post français». O también: «C’était un spectacle grotesque, qui, des drag queens à Imagine et de la célébration de la sororité à la décapitation de Marie-Antoinette déroulait pieusement tous les stéréotypes de l’époque». Y añadamos: «Entre la chorégraphie horrible de Lady Gaga et les pénibles exhibitionnismes de Philippe Katerine, où étaient le goût, la grâce, la légèreté, la délicatesse, l’élégance, la beauté même ? La beauté n’existe plus». Y concluye: «L’heure est à la lutte contre toutes les discriminations. On a même eu droit à un plan cul à trois. Homophobe soit qui mal y pense ! et pourquoi le défilé de mode devait-il être aussi agressivement moche ?».

O por decirlo con un sinsentido quijotesco: «La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura»

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«Multitudo non sequendam», Horacio. El freak señala una disonancia en el rebañego, cuya mediocridad descerebrada no se solidariza con la mente vulgar del diferente y extravagante porque reafirma y no ennoblece la suya, es decir, detesta (de ahí burlas y odios) en la poquedad o extranjería del friqui su propia e incorregible miseria, su bajura irremediable, su vulgarísima normalidad.

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SIGLO XXI, CAMBALACHE

Lo mismo un burro que un profesor,

el que no castra la grandeza o el felón,

aquel que encanalla la vileza o el huevón,

lo mismo un burro que un profesor.

Emputecido el arte por moral de confesor,

lo mismo nos gobierne honradez o corrupción,

el capital, la guerra, la fealdad o la traición,

emputecida la vida por curita represor.

Ignorante, sabio o chorro, libre o censor,

lo mismo que hables bien o seas un melón,

lo mismo vale un burro que un gran profesor,

que la porquería tiene derecho de admisión,

y convierte en Dios al que sale por el televisor.

Lo mismo un santo que hijo puta cabrón.

2 respuestas a “Diario del zalapastrán 1

  1. Un puto genio. Gracias Christian

    🤜🤛

    …«Vulgar cabra montesa saltando que se creía un genio. Leerlo era como un insistente malestar de vejiga. Un enano Claudel pueblerino y latero. Analfabeto seguro de sí mismo. Escritura, más que de impostura, de impostor. Se creía culto o muy culto y no iba más allá de las cartas comerciales del vecino sonriente y chupatintas. Absurdo e insignificante. Amontonaba citas en contra de la propiedad y limpieza de la lengua. Hacía poemas sin idea ni asunto, como manchitas de color cayendo al azar en un lienzo. Vanidoso sin astucia e hinchado. Loco de atar. Cambiaba toda la obra de Christian por una página de Corín Tellado».

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