Diario del zalapastrán 2

Maduro, un tendero muy corrupto y fargallán ocupando eventualmente el lugar de un político. No se olvide la ironía de Baudeliare: “Sólo los sinvergüenzas están seguros de su éxito. Por eso lo tienen”.

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El corrupto poco avispado o no arropado por una banda mafiosa roba un vagón al descuido, mientras que el corrupto institucionalizado (Venezuela, Begoña Gómez etcétera) roba todo el ferrocarril.

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Bilbeny dice que la corrupción política es una actividad ilícita de tipo económico en el ejercicio de un cargo político y aprovechándose de este; Camps considera que la corrupción política consiste en la utilización de recursos públicos para el beneficio del interés privado sobre el interés público que es lo que debiera ser el objetivo de la buena política; y, Cruz define la corrupción política como la apropiación privada de recursos públicos.

Begoña Gómez solo puede exclamar como Shylock en «El mercader de Venecia»: «Si me impiden los medios de ladrón con que vivo, me quitan la vida entera».

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No me siento como una aurora de granito sino como un pato patoso. No me siento como música que libera nuestra vida sino como gusano retorciéndose.

La locura desorganiza mi pensamiento (me cuesta hivanar), mi lenguage (que propende a lo tangencial y al descarrilamiento, a lo circunstancial, agramático y laxo), aplana mis emociones, disminuye mis reservas cognitivas.

Me apesadumbra la severa pérdida de mis expectativas vitales, de la perenne restricción de mi círculo social, de la desesperación insoslayable que conduce a ideas suicidas.

¿Cómo es, me preguntó una vez un amigo de Facultad, que tú, que estudiaste matemáticas, que te dedicaste años a la razón y al razonamiento lógico, cómo puedes creer que la gente te envía mensajes secretos, o que estás enfangado en medio de una trama de espías? Solo se me ocurrió contestarle: porque las ideas que tengo o tenía sobre espías y micrófonos vienen a mi mente DE LA MISMA MANERA que lo hicieron mis ideas sobre las matemáticas. Por eso las tomo en serio.

La locura es refractaria a la crítica o la autocrítica. Todo encaja en nuestro surrealismo mágico e ilógico. Para los demás -por supuestísimo- nada les encaja de nuestras manías persecutorias y paranoias.

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SOBRE LA VIDA PSÍQUICA DE ERRADOS CUERPOS CELESTES

Se levanta el telón: ahí va un loco

pisando tierra con baldosas agrietadas,

desfilando con sus cirios entre la oscuridad.

La gente le rehúye: tiembla, babea,

habla solo, barro negro encima del agua.

El loco sin olor a rosas, solo un tufo

a oraciones en arboledas ulceradas.

Siempre vivirá solo. Da asco. Avergüenza.

Como huracán lila revolviendo pelo

de alquitrán. ¿No véis exóticos baños

donde chicas con melena color margarina

se agolpan? ¿O el amor secreto, feliz,

que cantan las bellas canciones?

¿O el juego del gato contando la fe del niño?

Todo eso -y mucho más- no pertenece al loco.

A barlovento entran caretas antigás y monstruos.

Para el loco, hasta más allá de la muerte.

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