
Me levanto a las seis sudando; creo que grité. Noche de ensueños terroríficos. Con pavores, temores, imágenes repugnantes, y privación de la respiración. Durante la vigilia, al igual que el hollejo de la uva, ya destilado, y que proporciona un aguardiente candente, durante la vigilia -decía- sufro; ese sufrimiento se transfiere a mi vida onírica llena de arrebatos, y un fuerte, angustioso alcohol.
Me atemoriza la locura (la locura va y viene, nunca se gana del todo, nunca se pierde del todo) Pienso, examino, mido dudas y sospechas, intento desarrollar un tema, y mis ideas se ciñen de un estilo poco mañoso y circunspecto. A veces mis frases y pensamientos se interrumpen bruscamente. Otras pierdo el hilo de mis ideas, o vuelvo sobre el mismo tema o se bloquea el discurso. Monologo fuera de lugar e invento neologismos incomprensibles.
Un diamante es apto para grabar la rápida comprensión. Me falta rapidez y sutilidad para mantener grabado lo que percibo. Nunca tanta locura sojuzgó a una mente antes tan excelente. Aporto al mundo una vileza de percepción y gusto gigantes. Incomparablemente abatido, creo que casi no puedo resistir más.
***
El cerebro tañe la sombra
alaba empusas de mármol
y, tras nadar su fondo,
mezclado de armonías
visibles e invisibles, come
alcatraces de los muertos.
A vosotros, que notáis
el sabor de los pétalos
en la garganta, a vosotros
van dirigidas estas palabras.

