Diario de Aquitania 97

LENGUAJE: Una peña de más de varias decenas de metros de altura, compuesta de grandes terrazas horizontales cortadas a pico, y atravesadas por hileras de pinos que crecen en los salientes, viene a cerrar por el oeste el valle. Una cadena de montañas, más elevada y cubierta de bosques, forma una especie de barrera alrededor de esa peña, que se abre solamente para dar paso al río, cuyo nacimiento está a sus pies. Sus aguas avanzan al principio con una majestuosa tranquilidad sobre un lecho tapizado de un maravilloso musgo verde (“Fontinalis antypiretica”), pero enseguida, al desembocar en una pendiente de aguas rápidas, el curso de la corriente estalla en espuma al chocar contra las rocas que ocupan la mitad del lecho, mientras que el agua de las orillas, menos agitada, fluye siempre sobre la tierra verde y hace resaltar el blancor en el centro del río.

Me aterra que, debido a mi esquizofrenia, se fragmente en secuencias transitorias, imprevisibles e irresponsables mi habla, que se acomode a frases repetitivas y circunloquios burdos. Un estupor embotado. Siempre pensé que el lenguaje es como sonar de campanas y juegos sobre el tapete verde. Un cortar la quilla a las gotas de lluvia. Detesto los caminos oscuros y sin destreza de la mente. Como una linda muchacha, rubia, muy morena, muy atractiva, con un fox-terrier en las rodillas, en la habitación de un hotel de Bloomsbury, así deben hilarse las palabras. “For last year’s words belong to last year’s language And next year’s words await another voice”, escribe Eliot en los “Cuatro cuartetos”. Las palabras tienen poder. Las palabras pueden encender fuegos en la mente de los hombres. Para Flaubert, el habla humana es como una tetera rota en la que tocamos ritmos crudos para que bailen los osos, mientras anhelamos hacer música que derrita a las estrellas. Anhelo esa música, esa fuerza estética, bella y musical.

Recuerdo una cita de Ulrico de Estrasburgo en “De Pulchro”: “Imperfectio vel absoluta est, scilicet cum deficit rei aliquid sibi naturalium, ut corrupta et immunda sunt turpia, vel est comparata scilicet cum deerit rei pulchritudo alicuius nobilioris cui ipsum comparatur, precipue si nititur illud imitari”, es decir, “La fealdad puede ser de dos tipos: absoluta, cuando el objeto carece de algo que le corresponde por su naturaleza (y así son feas las cosas corruptas o impuras); o relativa, cuando carece de las cosas más sublimes, a las cuales se compara, principalmente si aspira a reflejarlas”. El lenguaje de un enfermo mental es de una fealdad o absoluta o relativa. El menú no es la comida. La frase imperfecta que no se ajusta al momento.

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