Diario de Aquitania 99

El “Tractatus” de Wittgenstein es una de las obras filosóficas más difíciles de entender de cuantas se han escrito. Pero su dificultad no viene dada por la COMPLACENCIA que el autor parece hallar en la dificultad. Wittgenstein mismo escribió “Todo lo que puede decirse, puede decirse claramente”, y nada hay en su propia práctica que nos obligue a atribuirle hipocresía.

Si tuviésemos que indicar una analogía musical, creo que algunas obras de Russell y el «Teeto» de Platón, dada su nitidez estructural, las compararía a la música de Bach, Brahms o Mozart, y asimilaría asimismo a Hegel y Heidegger con, pongamos por caso, las composiciones sinfónicas de Schumann. La analogía con el Tractatus quizá nos la suministre las “Seis piezas para orquesta”, op. 6., de Anton Webern.

Parece que algún rasgo del carácter de Wittgenstein le hubiera obligado a pulir y pulir compulsivamente las formulaciones de su pensamiento, hasta dejarlas de un modo tan libre de fuentes de impureza y asomo de ganga retórica, que casi nadie, sino quizá solo él –y quien sea capaz de seguir el curso de sus pensamientos- pueda entenderlas. Este rasgo de carácter lo estudia admirablemente Thomas Bernhard en su novela “Corrección”.

No abunda poco el quincallero de paparruchas, el papanatas del pensamiento, no son pocos los poetas sensibles a la oscuridad expresiva más incivil y tosca. Se puede ser elegante y estético sin necesidad de enmarañar la idea ni la imagen ni la sintaxis. Wittgenstein es oscuro debido a que le pasó brillo a su pensamiento hasta abrasarlo y dejarla en los huesos. Detesto a los terroristas jergales del lenguaje, sean filósofos, académicos, o poetas y escritores. Si uno recurre, por así decirlo, instintivamente a palabras largas y modismos agotados, a oscurecerlo todo como una sepia que chorrea tinta, si recurre a ristras de acartonados subterfugios abstractos, es que uno quiere velar su sinceridad intelectual. La simplicidad es la última sofisticación. «Have something to say, and say it as clearly as you can. That is the only secret of style», Matthew Arnold. Expresar el sinificado deseado sin llamar demasiado la atención. Un hombre que utiliza muchas palabras para expresar lo que quiere decir es como un mal tirador que, en lugar de apuntar una sola piedra a un objeto, toma un puñado y lo arroja con la esperanza de acertar (si no me falla la memoria esta idea es del Dr. Jonhson) Piensa somo un muy elaborado sabio, como un erudito lleno de citas, pero comunícate con la llaneza del hombre de pueblo. Si lo dices claramente, además, es porque lo entiendes claramente (y a la inversa)

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