José Ortega y Gasset
«La opinión pública no es ya la voz de una mayoría pensante, sino el eco amplificado de una minoría ruidosa. El nuevo tipo humano no necesita saber: le basta opinar. No contrasta, no duda, no se detiene. La opinión ha dejado de ser conclusión para convertirse en punto de partida. El tertuliano moderno habla no porque tenga algo que decir, sino porque el silencio le parece una derrota personal. La ignorancia, cuando se vuelve locuaz, adquiere una forma agresiva».
María Zambrano
«La palabra que no nace del silencio interior degenera en ruido. El hablar por hablar, el opinar sin responsabilidad, destruye el clima donde el pensamiento puede darse. La tertulia permanente es una forma de huida: se habla para no escuchar, se discute para no comprender. Cuando la palabra pierde su vínculo con la verdad, se convierte en espectáculo, y el espectáculo es siempre enemigo de la piedad intelectual».
Julien Benda
«El intelectual que abdica de la verdad para agradar al público comete una traición más grave que la del político. El tertuliano no es ya un pensador, sino un proveedor de consignas emocionales. No razona: excita. No aclara: simplifica. Vive de una moral instantánea que cambia con el viento del aplauso. La traición consiste en haber cambiado el rigor por la audiencia».
George Steiner
«Nunca ha habido tanto discurso y tan poca densidad de pensamiento. El comentarista permanente —ese animal televisivo— ocupa el espacio que antes pertenecía a la reflexión lenta. Habla de todo sin haber habitado nada. El ruido continuo crea la ilusión de inteligencia, pero es solo una coreografía verbal. El tertuliano es la prueba de que la elocuencia puede convivir con el vacío».
Guy Debord
«El tertuliano es una pieza esencial del espectáculo. No analiza los hechos: los representa. Su función no es comprender, sino mantener la circulación de imágenes y consignas. Cada opinión es intercambiable, cada indignación programada. El espectáculo no busca la verdad, sino la permanencia del flujo. El tertuliano es su sacerdote menor».
Neil Postman
«Cuando el discurso público adopta la forma del entretenimiento, la conversación se vuelve imposible. El tertuliano no informa ni educa: actúa. Todo debe ser rápido, polémico, emocional. El argumento complejo es un estorbo. Así, la televisión no solo transmite ignorancia: la convierte en estilo».
Thomas Bernhard
«El charlatán profesional es un parásito del lenguaje. Habla hasta destruir las palabras. Repite, exagera, grita, se indigna con método. No busca la verdad, porque la verdad exige silencio y espera. El tertuliano necesita el ruido como el alcohólico necesita el alcohol: para no verse».
Miguel de Unamuno
«Detesto al opinador de café elevado a oráculo nacional. Habla de todo y no vive nada. Confunde pasión con verdad y vehemencia con razón. Grita para ocultar que no ha pensado. Su verbo es hueco, pero sonoro, y por eso convence a los perezosos del espíritu».
Byung-Chul Han
«La sociedad del cansancio produce opinadores compulsivos. El tertuliano no dialoga: reacciona. No reflexiona: responde. La hipercomunicación elimina la negatividad necesaria para pensar. Donde todo se dice, nada importa».
Fernando Savater
«El tertuliano confunde la libertad de expresión con la obligación de decir algo. Y decir algo no equivale a decir algo valioso. La democracia no se fortalece con gritos simultáneos, sino con razones bien construidas. Lo demás es algarabía».
