Soy una criatura balbuciente a la busca de calor humano. Por eso me gusta la tertulia, donde el pensamiento se pule por roce, como las piedras en el río. Allí aprendo que la verdad no nace del monólogo, sino de la fricción entre puntos de vista. Como una posada con voces vivas e irónicas. Saber escuchar, saber disentir, saber callar. Una tertulia civilizada es una escuela de estilo, escribió d´Ors.
“La tertulia es una institución española tan seria como informal. Funciona por repetición y fidelidad: mismos lugares, mismas horas, mismos gestos. En ella se transmite un saber no escrito, una tradición oral de la inteligencia”, Julio Caro Baroja.
“Las tertulias eran el verdadero motor de la vida intelectual europea. Antes de fijarse en libros, las ideas se probaban en cafés, en mesas compartidas, en conversaciones interminables. Cuando desaparecieron las tertulias, la cultura se volvió solitaria y más frágil”, Stefan Zweig.
