Cyril 188

¿Por qué escribir? Ya no tengo nada que decir.

«La literatura es una tontería cuando se la toma en serio, y una trampa cuando se la toma como destino. He conocido el infierno, y no necesito volver a describirlo. Escribir fue una fiebre; ahora quiero la salud. No reniego de lo escrito, pero lo dejo atrás como se deja un país que ya no puede habitarse. El silencio es ahora mi única exactitud», Rimbaud.

Publicar por obligación es traicionar lo poco que uno hizo bien.

He escrito lo suficiente como para saber que seguir escribiendo no me hará más verdadero. La escritura es una enfermedad que, en algunos, se cura sola. Abandonarla es un acto de lucidez, no de debilidad.

He dicho lo que tenía que decir y no ha sido escuchado. Insistir sería vulgar. Prefiero leer al eco deformado. Hay dignidad en no perseverar inútilmente. El oficio de escribir desgasta una parte de la mente que no se regenera. Cuando esa reserva se agota, continuar es mentir. El silencio, aunque nadie lo celebre, es la única salida honorable.

Uno no escribe para ser ignorado. Continuar después de mi falta colosal de lectores sería una forma de humillación. He aprendido que el fracaso público no ennoblece: desgasta. Seguir escribiendo para nadie es un vicio que solo practican los desesperados.

He escrito desde lo más hondo y he recibido poco más que incomprensión. No es solo que no me lean: es que nadie me necesita. Cuando uno siente que su palabra no sirve a nadie, escribir se vuelve una tortura íntima. El fracaso literario es una forma lenta de asfixia.

El escritor sin lectores se convierte en un monologuista ridículo. No hay heroísmo en insistir. A veces la retirada es la única forma de conservar la dignidad personal.

He publicado libros que han pasado sin dejar rastro. Es como hablar en una habitación insonorizada. El fracaso continuado no enseña humildad: enseña cansancio. Y el cansancio acaba en silencio.

Fracasé. Lo dejo. Callar y leer. Soy un mediocre.

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