Hablé con Lorena, mi enfermera. Su diagnóstico fue claro: lo que describía encajaba muy bien con un episodio hipomaníaco en contexto estacional (primavera) Temo que la hipomanía puede escalar a manía, puede virar a paranoia o pueda ir seguida de caída brusca en una depresión.
En la hipomanía todo parece posible. Las ideas fluyen con una velocidad deslumbrante, la confianza se eleva, el mundo se vuelve más interesante, más vivo, más incendiado. Pero esa claridad es engañosa: no es estabilidad, es aceleración. Seduce. Te hace sentir brillante, poderoso, invulnerable. Pero esa sensación no es libertad: es una distorsión de la percepción y del juicio. La mente crea estados de exaltación que parecen vida en su forma más intensa, pero que en realidad son una forma de desorden. Todo se vuelve extraordinariamente vívido… como si la vida adquiriera una intensidad insoportable.
Baruch Spinoza: “La alegría es el paso a una mayor perfección… pero debe estar guiada por la razón para no convertirse en ilusión”. La felicidad auténtica es tranquila, no frenética. No depende de la excitación constante, sino de un equilibrio interior.
Debo dormir. Mañana me inyectan el Xeplion.
