Burton 60

Adulón, adulador, zalamero, pelotillero, pelota, adulete, chicharrón, manyaoreja, servil, rastrero, lambeculo, lambón, y otros, son los términos que definen al señor García Montero.

Dante no tenía piedad con los aduladores o lisonjeros. En su «Infierno», los destina al octavo círculo (las fosas de Malebolge), específicamente en la segunda fosa, donde están sumergidos para siempre en estiércol y excrementos humanos, un castigo poético que refleja la suciedad de sus palabras en vida.

Lázaro describe con cinismo cómo su amo estudiaba a quién halagar: «En viniendo al lugar, visitaba a los clérigos o curas del lugar, y si eran, como suelen ser, personas de poco saber, presentábales unas lechugas de Murcia, si era el tiempo, o un par de limas o naranjas, o un melón, o sendas hinojadas… Y de esta manera poníalos en contingencia de favorecer su negocio. Decíales que fuesen muy bienvenidos, y que la clerecía de aquel lugar era la más devota y santa que en su vida había visto…».

Yo soy hijo de la burguesía hacendada y propietaria, adinerada y culta y, por educación, absolutamente incapaz de estas genuflexiones. Acaso debido a ello no medré por la cucaña como el señor Montero.

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