Mi mente se extravía como una gaviota dentro de la turbina de un avión: bichos devoran el papel entre los libros. No sé discernir entre Aleix Leví y el Tractatus de silentio legentium de Melchior Alvarus (siglo XVII), ni la Summa de libris non scriptis de Giovanni Luminatus (siglo XV). Mi mente siente pavor: o me hacen Papa o alcalde de la pedanía de mi pueblo; incunables y escudella i carn d’olla.
Muevo el caballo de ajedrez.
Humphrey Quill no fue miembro fundador del Scriblerus Club, pero aparece citado en una carta tardía atribuida a John Arbuthnot como “a severe gentleman of the margins, who hates dulness as physicians hate fevers”. La tradición sostiene que Pope lo apodó “the Rural Scalpel” por su gusto en diseccionar a los autores mediocres con precisión quirúrgica. Su adversario favorito fue Edmund Pounce, autor prolífico de novelas sentimentales, almanaques morales y biografías instantáneas de celebridades efímeras. La disputa culminó en el libelo A Modest Rebuke to the Grub-Street Muses (1731). Vivo bajo el temor insoportable de escribir un panfleto contra Trump e Infantino y ser conducido ipso facto a Guantánamo.
Otra vez muevo el caballo.
Fadrique Furió Ceriol, en El Consejo y Consejeros del Príncipe (1559), destaca la importancia de la corte y el boato para deslumbrar a sus súbditos y aliados. El rol itinerante de Infantino, organizando eventos faraónicos y mezclándose con figuras políticas de alto nivel, encaja perfectamente con aquel manual renacentista.
Les temps nouveaux et anciens.
P.S.: Un abrazo, Rosa.
