Eliot 6

En mi biblioteca encontramos los Études d’esthétique médiévale, una de las grandes obras olvidadas del siglo XX (bibliofílicamente es una delicia: las primeras ediciones belgas están magníficamente impresas). También los tres volúmenes —obra insuperada— de la Medieval Aesthetics. Les recomiendo que busquen la edición latina-francesa de la década de 1940, como también recomiendo hacerse con la primera edición en castellano publicada por la Editorial Biblioteca de Autores Cristianos (BAC), Madrid, 1958-1959. Tres volúmenes en dozavo mayor. Encuadernación original de la época en plena tela editorial azul con estampaciones doradas en el lomo. Papel biblia de alta opacidad, cortes limpios. Es un juego codiciado porque las reimpresiones posteriores abandonaron la calidad del soporte original.

También encontramos en mi biblioteca la obra completa de mis maestros: la del psiquiatra y ensayista en lengua gallega Santiago Lamas, la del médico humanista y botánico Dr. Vicente Gracia, la del poeta José María Álvarez y la del matemático Josep Pla i Carrera.

Si hablamos de matemáticas, entre mis libros favoritos hay uno que sirve de puente exacto entre el álgebra abstracta (retículos, álgebras de Boole, álgebras de Heyting) y las lógicas no clásicas (relevancia, intuicionismo, modal). La referencia es J. Michael Dunn y Gary M. Hardegree: Algebraic Methods in Philosophical Logic (Oxford Logic Guides). Y de la interface entre filosofía y matemáticas, de los muchos que colecciono y los pocos que estudio, destaca, por ejemplo, Ignacio Jané: The Role of the Absolute Infinite in Cantor’s Conception of Set (Jané fue también profesor mío en la U.B.).

Me interesa la psiquiatría; tengo cientos de volúmenes. Sobre el nacimiento de la clínica mental francesa, donde el diagnóstico era un ejercicio de clasificación casi literaria, debo mencionar a Étienne-Jean Georget: De la folie: considérations sur cette maladie (1820). El texto inspiró a Théodore Géricault para pintar sus famosos retratos de locos. Trata la enajenación con una observación clínica tan descarnada que linda con la literatura gótica. Apasionante. La princeps tiene encuadernación de la época en media piel (holandesa) con puntas, lomo liso adornado con hilos dorados y tejuelo de piel marroquí. Páginas con barbas preservadas (sin guillotinar), lo que denota el respeto del encuadernador por el margen original. Extremadamente raro. Extraordinariamente caro. Un día, en París, lo pude tener un minuto entre mis manos.

Si quieren saber de caserones en ruinas y secretos de familia inconfesables en el Yorkshire rural, lean Sheridan Le Fanu: The Wyvern Mystery (1869). Y una novela excepcional oscurecida por El gatopardo: Federico De Roberto: I Viceré (Los Virreyes, 1894).

Ese aroma, mezcla de polvo, cola y papel envejecido… ese olor rancio, pero dulcísimo. El perfume del papel envejecido tiene algo de confidencia, de secreto compartido. Abrir un libro antiguo es un gesto casi amoroso. Un volumen con aroma de humedad, de encierro, impone un ritmo lento. No se lee igual un libro recién impreso que uno que huele a sótano, a inviernos detenidos.

SI LA SANGRE DEBE HIBRIDARSE, LA MENTE TAMBIÉN.

No se trata de negar la originalidad de cada cultura, sino de demostrar que el diálogo entre ellas es lo que vivifica la tradición. Una literatura o tradición intelectual nacional abandonada a su propio solipsismo corre el peligro de asfixiarse en el provincialismo del espíritu.

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